| Terremoto en Chile 2010 |
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| Escrito por Vicente Fernández | |
| miércoles, 03 de marzo de 2010 | |
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Se nos vino el por años esperado mega terremoto, y mirando el actuar de nuestros gobernantes, es inevitable el recordar esa incógnita de que si es primero el huevo, o la gallina. Todo ello porque acá, uno no logra discernir si es primero la estupidez, o la ignorancia de nuestra clase política gobernante. Pero de todos modos, lo que queda claro, es que como resultado engendra la inoperancia.
En Chile tenemos el triste sino de ser un país de catástrofes, dos mil volcanes y de los cuales ochenta están activos, nuestro largo territorio está cortado en la zona más poblada por decenas de ríos de corto y abrupto trayecto que en invierno dan, año a año, por el suelo con nuestra conectividad, y para coronarnos como reyes de los desastres naturales, están los terremotos y tsunamis que afectan a casi cuatro mil kilómetros de los cinco mil que tenemos de costa.
Y como de terremoto se trata, hablemos de ellos.
En Chile tenemos el triste record de haber sufrido el cataclismo más fuerte registrado en la historia moderna, los terremotos del 21 y 22 de mayo de 1960 y que afectaron a casi mil trescientos kilómetros del territorio comprendido entre Concepción y la península de Taitao. Terremoto grado 9,5 en la escala de Richter el mayor, y otros cinco movimientos sísmicos que superaron los 7 grados en la misma escala. Muerte y desolación a lo largo de todo ese territorio.
Después de estos, tuvimos el terremoto de 1985 que fue grado 7,5 en la misma escala y que afectó principalmente a la región metropolitana y la quinta Región de Valparaíso. Antes habíamos tenido el violento sismo de Chillán el año 1939, con destrucción total y casi treinta mil muertos.
Cada uno de estos terremotos nos dejó una enseñanza que sirvió para ser cada vez más eficientes ante el próximo desastre, enseñanzas que se aplicaron y tuvieron resultados positivos. Pronta reacción del gobierno y todo el aparato estatal, inmediata declaración de zonas de catástrofes, mantención del orden público por la acción de las fuerzas armadas y de orden, reparto organizado de víveres, agua y combustibles, albergues improvisados de inmediato y que funcionaban antes de las 24 horas. Nunca hubo saqueos ni pillaje, y si hubo algún intento, estos fueron de inmediato abortados por la acción de las fuerzas militares.
Pero todas estas enseñanzas tenían también un triste y vergonzoso antecedente, el terremoto de Valparaíso el año 1906. En ese entonces la ciudad quedó aislada del resto del país, el gobierno civil fue incapaz de dar pronta respuesta a las necesidades de la población y así, el control de la situación se le fue de las manos y la ciudad cayo en la anarquía absoluta del saqueo, el pillaje y el vandalismo. El robo, unido a la violación y el asesinato, fueron el resultado de las malas decisiones o de decisiones que no se tomaron a tiempo.
La ciudadanía se enfrentó con la delincuencia en una lucha por sobrevivir y, además, fue a golpear las puertas de los cuarteles militares, en donde las tropas aún esperaban la orden de la autoridad civil para salir a poner orden. Dicha autoridad civil se auto esperanzó en que ellos podrían controlar los desmanes con la sola acción de la policía… y en eso se quedó. El desastre fue inevitable consecuencia de su porfía hecha estulticia. El caos del pillaje sólo fue detenido porque el entonces jefe naval de la zona, el Almirante Gómez Carreño, asumió por su cuenta el gobierno regional y sacó las tropas a la calle aplicando ley marcial. Después de algunos fusilamientos en la plaza y otros in situ donde eran sorprendidos los malhechores… llegó el orden.
Esta triste y vergonzosa experiencia, llevó a los sucesivos gobiernos de la república a comprender que se debía actuar proactivamente, enviando a las tropas a las calles de inmediato, primeramente con un carácter disuasivo, que se apoyaba en el claro mensaje de que se resguardaba el orden y de que habría firmeza a la hora de actuar.
Pero los tiempos cambiaron con la llegada de nuevas teorías pseudo filosóficas de un pseudo humanismo que nace del pensamiento liberal/socialista post modernista y que tiende a la disociación del orden y la disciplina con autoridad dentro de la sociedad civil y sus instituciones… ellos creen y dicen que es intrínsicamente antidemocrático y que vulnera los derechos humanos. De allí que hoy, en nuestro ordenamiento jurídico y administrativo, el delincuente tenga asegurado más derechos que la victima. Pensamiento que anida en la sesera de nuestra clase política actual y, con el cual, nos tratan de construir una nueva realidad en donde sus ficciones mentales pasan a ser verdades absolutas que, además, deben ser aceptadas como realidades concretas por los gobernados.
Nadie, absolutamente nadie… ningún chileno esperaba que ante una catástrofe de esta magnitud, el gobierno socialista/liberal de Michelle Bachelet fuese a mostrar tanta ineptitud para enfrentar de forma oportuna y eficiente el desastre que se nos había venido encima.
Veamos por parte:
El sismo fue a las 03:34 AM del sábado 27 de febrero y tuvo una duración de poco más de dos minutos, en un par de minutos está la información del instituto sismográfico respecto de donde fue el epicentro. Se sabía que el epicentro había sido en el fondo marino frente al límite de las regiones séptimas y octava, y que además su liberación de energía era de 8,8 grados en la escala de Richter… es decir un mega terremoto. Era de sentido común que el riesgo de un tsunami era altísimo, más aún si así había sido el año 1960 y en otra docena de maremotos a lo largo de nuestra historia sísmica.
También se sabe científicamente que mientras más cerca de la costa es el epicentro, la llegada del tsunami será en menor tiempo. El promedio histórico en Chile está situado entre los 15 y los 45 minutos, ello porque la ola se desplaza frontal y lateralmente a lo largo de la costa desde el epicentro. Así se explica que pueblos costeros fueron arrasados hasta con más de media hora de diferencia, y más de una hora en el archipiélago de Juan Fernández, a 700 kilómetros de la costa.
Por lo tanto, la autoridad tiene solamente no más de 8 minutos para tomar una decisión con respecto de declarar la alarma de tsunami o no declararla, ello implica que forzosamente debe existir un sistema expedito de comunicaciones para tomar resoluciones la autoridad e informar de estas a la ciudadanía.
La pregunta primera es: ¿Existe en realidad este sistema expedito?
Nosotros sabemos que los elementos para conformarlo existen, pero ahora dudamos de que estén bien estructurados. Chile es parte del sistema de detección de tsunamis que los Estados Unidos de Norteamérica han implementado en el pacífico, hoy se sabe que al minuto de ocurrido el mega terremoto, los norteamericanos nos alertaron del “casi” inevitable tsunami en la zona costera, e incluso llegaron a detallar zonas específicas. Lo mismo nos comunicaron los del sistema sismológico brasileño.
¿Qué ocurrió entonces? Pues que el gobierno se entrampó en la palabra “casi”. Los socialistas/liberales chilenos son incapaces de aprehender la realidad concreta, ni por concreción ni por intuición. Ellos no asumen el “riesgo” de ser concretos por si solos en sus decisiones, “alguien”, una persona o un documento tiene que “liberarlos” de la responsabilidad de un posible error en alguna decisión tomada… así que en la duda, ellos siempre se abstienen.
Así se abstuvieron de dar la alarma, por la sencilla razón de que no fueron capaces de asumir la responsabilidad del riesgo de determinar positivamente como alarma concreta ese pequeño porcentaje de duda posible que implicaba la palabra “casi”. Es decir, falta de decisión, como consecuencia de una incapacidad de liderazgo real y efectivo, especial y principalmente en la presidenta Michelle Bachelet… que era lo que nosotros le criticamos con precisión fatal, cuando recién era candidata a la presidencia. La presidenta no manda… gobierna por anuencia de los partidos de su coalición y de la plutocracia. No manda y tampoco asume responsabilidades.
El gobierno, con descaro trata de culpar a la Armada, los marinos han guardado silencio y su almirante trata de deslindar la responsabilidad del gobierno y la presidenta con un supuesto informe “poco claro” de parte de la Armada. Esa poca claridad argüida es justamente la palabrita “casi” o “alto riesgo”. El error fue no decirle a la presidenta y el gobierno lo que ellos esperaban para tomar una decisión… que Neptuno les había enviado un e-mail confirmando el 100% de su intención de enviarnos una ola gigante. Hoy se sabe que la Armada envió cuatro mensajes al gobierno, el primero a pocos minutos de ocurrido el sismo y que tan solo el cuarto podría haberse considerado poco claro… pero este informe fue a las 05:00 AM y la decisión debió haberse tomado con el primero, eso si se tenía conocimiento de nuestra propia historia y algo de sentido común.
Hoy el gobierno trata de evadir su responsabilidad por su irresponsabilidad negando el haber recibido dichos informes, pero los fax y las grabaciones de los comunicados existen. El gobierno y la presidenta Bachelet son los responsables -por omisión culpable- de la muerte de gran parte de nuestros compatriotas en el tsunami, esa es la triste y horrenda verdad como consecuencia de un gobierno y una gobernante incompetente y sin liderazgo para asumir decisiones en los momentos vitales y que eran aciagos para su pueblo.
Y respecto de los saqueos y el pillaje, tampoco algún chileno podía comprender el porque los militares no estaban en las calles. Hoy se sabe, por propia declaración de sus comandantes, que sí lo estaban a las dos horas de ocurrido el sismo. Estaban listos los aviones para el transporte de tropas, de equipos y personal médico de emergencia, para después continuar con el transporte de otro tipo de ayuda… pero las órdenes nunca llegaron.
¿Qué hacía el gobierno? ¡Nada, nada útil! Seguía en lo de siempre, mucha publicidad de lo bien que están preparados, que se estaba “monitoreando” la situación para evaluar los daños y que pronto se volvería a la normalidad.
¿Cuál monitoreo y cuál evolución? Si en sus declaraciones que emitieron la Oficina Nacional de Emergencia y el Ministerio del Interior cuando se restableció la energía tres horas después en Santiago, uno podía claramente darse cuenta de que sabían menos que lo que transmitían los equipos periodísticos ya desplegados en terreno.
El signo que ha distinguido a los gobiernos de la concertación, y en especial al de Bachelet, es el del discurso recurrente del “monitoreo y la evaluación en terreno” para después reevaluar en las comisiones iniciales, y más después aun, reevaluar en las comisiones definitivas. El sistema no les ha sido eficiente en la realidad concreta más allá de planificar necesidades de esparcimiento popular y así, programar la venida y paseo público de una muñeca gigante… son expertos organizando eventos pseudo culturales, pero de planificación y ejecución estratégica o inmediata, cero capacidad.
El pueblo y las autoridades municipales pedían al gobierno, y en especial a la presidenta Bachelet, en pantalla y por radio la salida de los militares a las calles para asegurar primero, y después, para restablecer el orden público… demostrando así que “la ruptura” pueblo- fuerzas armadas no es más que una ficción que han querido endilgarnos los políticos pseudo progresistas. Pero el gobierno y la presidenta como si lloviera. Resultado inevitable fue el caos y el pillaje en las zonas más afectadas, los civiles tuvieron que sacar sus armas particulares y proceder a su propia defensa… el Estado, como ente administrativo de la nación, había quedado superado por los hechos debido a su propia inoperancia, inoperancia producto de la ineptitud y la falta de liderazgo de quienes lo administran en momentos críticos.
Los primeros actos de pillaje “organizado”, comenzaron casi quince horas después de ocurrido el terremoto, momentos en que el gobierno recién estaba terminando su primera reunión para determinar si sería “conveniente” desplegar las fuerzas militares en la zona del desastre.
Y ocupamos con precisión el término “conveniencia”, porque en el espíritu ideológico de Bachelet y su equipo -salvo una o dos excepciones- los términos “necesario” o “imperioso”, les suena punto menos que el Apocalipsis de la democracia y los derechos humanos si se trata de entregar el control de una situación de desastre a los militares. Son pocos los que recuerdan en estos momentos que el gobierno de Bachelet ya había cometido los mismos desatinos hace poco más de dos años atrás, con ocasión del terremoto grado 7,3 ocurrido en nuestras nortinas ciudades de Tocopilla y Antofagasta. Hubo pillaje porque fueron superadas las fuerzas policiales, la Oficina Nacional de Emergencia -ONEMI- fue un desastre organizando la repartición de ayuda y las autoridades civiles no supieron atar ni desatar el zapato chino en que se metieron por no entregar el control de la situación a un mando militar.
Treinta horas demoró el gobierno en tomar una decisión para declarar estado de catástrofe y movilizar las tropas. Pero en principio todo fue lento porque las órdenes y contra órdenes del mando político central iban y venían, sepan ustedes que las estimaciones especializadas determinaban en diez mil el número de efectivos militares solo en Concepción para asegurar la paz ciudadana… pero el gobierno los ha movilizado con cuenta gotas y en forma errática, como lo fue el detener la columna inicial que marchaba a Concepción y hacer devolverse la mitad a la ciudad de Talca, ello para no movilizar en esos instantes más contingente.
Casi al terminar el cuarto día de saqueos, la presidenta nos dice con voz pocos menos que llorosa y como acusándose de un pecado, que la actitud de los militares será fuerte para reprimir el vandalismo… pero ya es tarde, el pueblo ha hecho su juicio crítico y sólo espera que se vaya lo antes posible. Para nada necesitamos de una presidenta que dejó de ser la primera mandataria para transformarse en la primera “reportera” de la nación. |
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