| N°068/2010 - Destrucción de Universidad de Chile / El verdadero problema de la educación chilena. |
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| miércoles, 07 de julio de 2010 | |
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Informe Nº 068 del M.R.N.S. para Agencia de Noticias Nacionales "Hispanoamérica", de Uruguay. Emitido en el programa radial "Controversias" de Radio Continente (banda AM de Uruguay)
Resumen de temas tratados:
Tiempo atrás les hablé de lo mal que está la educación en Chile, nuestros resultados evaluativos están muy por debajo de los parámetros internacionales de los países desarrollados y de otros con economías emergentes.
Desde los tiempos en que se inicio la “gran reforma educacional” chilena a principios de los ochenta, mucha agua ha pasado bajo los puentes educativos... y cada vez está más barrosa y no cristalina como se esperaba.
Desde que la plutocracia chilena decidió transformar la educación en un mero negocio con la implementación del subsidio estatal sin otras exigencias para los sostenedores de establecimientos básicos y secundarios privados que la de mantener una alta asistencia a clases... la calidad de la misma se vino al suelo por la falta de compromiso de los empresarios educacionales con el proceso mismo de la educación. El negocio estaba en tener muchos alumnos... los resultados no importaban, y cuando importaron, entonces la solución fue continuar bajando los niveles de exigencias para lograr mejores resultados estadísticos, o simplemente “arreglar” las estadísticas. Proceso al cual tampoco ha estado ajena la educación pública durante los casi veinte años de gobiernos de la Concertación por la Democracia, ello porque se decretaron instructivos ministeriales que simplemente buscaron mostrar una mejor resultado por medio de métodos evaluativos que no reflejaban la realidad cognitiva de los alumnos, pero sí, subían los índices estadísticos.
Los gobiernos de la concertación, y especialmente la gestión de Ricardo Lagos como ministro de la cartera durante el gobierno de Alwyn, y después durante su mandato presidencial, se caracterizaron por ser un copy-paste de experiencias europeas y estadounidenses que, en la mayoría de los casos, ya venían de vuelta tras sus fracasos en sus propios países. Pero los seudo especialistas en educación que han pululado en nuestro ministerio del ramo, han sido y son sólo eso... seudo especialistas.
La situación hizo crisis casi terminal durante el gobierno de Michelle Bachelet, quién no supo enfrentar la situación desastrosa que heredó de Ricardo Lagos y, así, nombró como ministros de educación a profesionales que poco o nada sabían de la materia. Para al final de cuentas terminar transformando el ministerio en un cubil de operadores políticos, que de educación tenían tanta idea como de física nuclear. El actual gobierno acaba de hacer “una limpieza”... solamente en Santiago fueron despedidos ciento cincuenta abogados y cerca de ochenta periodistas que se encontraban en la nómina del ministerio de educación para hacer nada. Esos fueron los que se pudieron despedir de buenas a primeras, pero quedó un número importante de ellos que no pudieron ser despedidos por cuanto los contratos fueron definitiva y onerosamente “amarrados” en los dos últimos meses del gobierno de Michel Bachelet, tal como ocurrió en otros ministerios.
Pero los que pensaron o piensan que estas medidas del actual gobierno mejorarán la educación en Chile, están muy equivocados. La determinación de “limpiar” el ministerio, si bien es correcta, ella no obedece más que a un criterio financiero y de imagen política, no a un proyecto que redefina y rearticule todo el sistema educativo chileno en pro de una educación de calidad.
Sebastián Piñera nombró en los dos cargos más altos del ministerio a dos ingenieros comerciales, ninguno tiene especialización alguna de alta calidad académica –ni tampoco mediana o menor- en el tema educativo. Y ello porque sencillamente no es necesario para la plutocracia que nos gobierna, el problema no son los resultados educativos... el problema estriba en que la educación pueda dejar de ser un negocio.
Ninguno de los gobiernos de la concertación y sus mediocres “especialistas”, como así tampoco los del actual gobierno, han podido dar en el clavo del problema... habida consideración de que realmente les interesase encontrarle una solución al problema, o al menos que pudiesen encontrar “el problema” de la educación chilena.
Todos ellos se han desgastado y devanado los sesos –suponemos- copiando y desarrollando un sinnúmero de “aventuras” programáticas para la educación básica y media, que a los pocos meses terminan en un pandemonium de contradicciones en sí mismas y con la realidad concreta. Uno queda en la duda si tal accionar es resultado de una ineptitud congénita o de una fría, calculada y malvada mente financiera.
Cuando se inició la reforma educacional chilena durante el gobierno de Pinochet, se terminó con la Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales, que era el ente fiscal a cargo de la construcción y cumplimiento de la normativa legal de la calidad de los establecimientos educacionales en Chile... huelga decir que también la norma fue transformada en letra muerta, ello porque imponía demasiadas exigencias al “emprendimiento” empresarial en el área educativa. Así, terminamos en que tanto un galpón como un sótano ahora podían servir para ser usada como una sala de clases en los establecimientos privados, el asunto importante era que en ellos cupieran el máximo de alumnos por superficie, no por volumen de aire ni adecuada temperatura. Lo mismo sucedió con las universidades privadas, solo que allí el negocio fue tan bueno, que hoy algunas pueden darse el lujo de buenas instalaciones para su mediocre accionar en muchas áreas que justamente tienen que ver con el problema de la educación en Chile.
Ello porque en ese mismo inicio de la reforma, se termino con las Escuelas Normales, que eran las instituciones del estado que formaba a los profesores de enseñanza básica, y que después compartieron con las llamadas ahora “universidades tradicionales”. Incluso se desmembró de la Universidad de Chile todas sus sedes regionales, aduciendo que no era lógico que una universidad tuviese una extensión a lo largo del territorio nacional, además, se trató de eliminar su área pedagógica para siempre, y que sobrevivió como otra universidad gracias a la férrea defensa que de ella hizo el nacionalsindicalismo chileno.
Pero el “negocio” estaba armado, las universidades privadas se dedicaron a “formar” los nuevos profesores. No impusieron exigencias académicas para ingresar a ellas, cualquiera podía hacerlo si podía pagar por si solo o endeudarse para hacerlo. Los programas de estudios eran básicos y mal diseñados, las exigencias académicas para aprobarlos eran exiguas y la guinda de la torta llegó cuando las universidades privadas se extendieron territorialmente con infraestructura académica y física deplorables, a la vez que comenzaban un nuevo plan de formación de profesores con un programa de estudios aún más reducido, a tres o cuatro años de duración y con clases solamente los días sábados... estudiar un día a la semana era más que suficiente para ser profesor según el criterio financiero de esta ingeniería comercial. Y de paso, también consideraron que aún sin haber ejercido la profesión, en un año de seudo estudios paralelos, también podían –cruzando universidades privadas- tener un título de magister en educación... total era asunto de que se endeudaran para pagarlo. Los resultados fueron vaticinados como malos desde un principio de la reforma, el vaticinio de los verdaderos expertos en educación para este nuevo programa fue deplorable. Pero el negocio era bueno, se hizo oídos sordos y por casi quince años así se formó el 75% del profesorado chileno.
Hace pocos días atrás, el rector de la Universidad de Chile, enrostró al presidente Piñera la falta de seriedad para abordar el problema de la educación al no considerar a las universidades tradicionales en los supuestos estudios para mejorar la educación chilena, el tratar de crear una sola organización que agrupe a las universidades tradicionales con las nuevas universidades privadas sin considerar la calidad académica de estas últimas y, la intención declarada del ministerio de congelar los ya exiguos financiamientos a la universidades estatales.
Recordemos que como dijimos anteriormente, el financiamiento del estado a la estatal Universidad de Chile llega a un paupérrimo 14%, mientras que en USA el financiamiento a las estatales es superior al 45% y tanto en Europa como los países asiáticos emergentes fluctúa entre un 55 y un 75%.
Pero nuestros ingenieros comerciales a cargo de nuestra educación consideran que ese 14% aún es mucho para la primera y más grande universidad que tiene Chile... así que piensan que bien puede destinarse los fondos del estado a financiar de uno u otro modo a las nuevas universidades privadas, total, lo que hay que premiar es el emprendimiento de los privados de siempre, de esos que de todo hacen un negocio a costa de lucrar con la esperanza y los recurso de una nación.
07 de julio de 2010. |
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