Marchar por marchar: cuando la propuesta se pierde

Ya es tradición, al menos desde el año 2011 a la fecha, ver a comienzos de marzo publicaciones en redes sociales aludiendo a lo movilizado que será el año que recién comienza. “Este es el año de las movilizaciones”, “este es el año del estallido social”, y así un larguísimo etcétera. La otra cara de esta moneda, es ver cómo a finales de año, los mismos que publicaban este tipo de cosas se encuentran de golpe con la realidad: cada año ha sido menos movilizado que el anterior.

Pues bien, para este martes 22 de marzo ha sido convocada por la CUT la "primera gran marcha del año", a la cual asistiría un buen número de estudiantes, pese a que el CONFECH decidió no adherir a la convocatoria. Sin embargo, no es mi intención tratar el problema de las movilizaciones en términos de cuánta gente adhiere o no, sino que más bien las implicancias que éstas tienen hoy en día.

Al respecto, mucho se nos ha preguntado a los nacionalsindicalistas sobre nuestra postura: ¿deben marchar los nacionalsindicalistas? La respuesta es simple: Sí, deben. El punto es cuándo y bajo qué condiciones.

Y es que hoy en día los sectores progresistas pertenecientes al gobierno de la Concertación y el Partido Comunista, al igual que los sectores más radicalizados, han perdido el foco del asunto; hoy en día las marchas y los paros se han convertido en un fin en sí mismo, y en consecuencia han dejado de ser un medio bajo el cual es posible alcanzar un objetivo mayor. Basta con ir a una asamblea estudiantil cualquiera para notar esta lamentable situación. Allí la discusión no versa sobre el desarrollo de una propuesta que unifique al movimiento estudiantil, y que además sea capaz de vincularlo con el mundo de los trabajadores. Allí la discusión versa sobre cuál será la fecha de la siguiente marcha, y cómo lo haremos para atraer a más personas a ella para que no demos tanta lástima como en la marcha de la semana pasada.

Entonces, cuando los ilusos nos preguntan sobre cuál es nuestra opinión al respecto de la marcha del 22/3, un sentimiento de pena y decepción nos invade al instante. Qué hermoso sería que en vez de eso, nos preguntaran “hey, ¿qué opinan de nuestra propuesta?” Sin embargo, bien sabemos que estamos a años luz de escuchar una pregunta de ese tipo, pues si hay algo que le falta al movimiento estudiantil en particular, e incluso a los movimientos sociales en general, si se quiere, -además de una victoria- es una propuesta sólida.

Cuando las movilizaciones dejan de ser un medio y se transforman en un fin en sí mismas, pasa lo que está pasando hoy: la política se vuelve panfletaria, llena de consignas vacías que inducen al error, y que le dejan la pelota rebotando a las sanguijuelas oportunistas para que hagan con ellas lo que quieran… ¿Les suena la "ley de inclusión"? ¿les suena la "gratuidad en la educación superior"?

Cuando la política se hace en base a consignas, en base a personalismos, en base a egos inflados, estamos dando cabida a que los lobos se disfracen de ovejas para dividir al enemigo. En el fondo, damos cabida para que los corruptos que han gobernado Chile, toda la vida para su beneficio propio, le presten nuestro culo -no el de ellos- a la oligarquía del país para darle unos años más de sobrevida a un sistema político-económico que ya debió haber caducado hace unos cuantos.

Esta política vacía ha devenido en que las movilizaciones se han transformado en una forma de legitimar el programa neoliberal de la Concertación y el Partido Comunista, quienes han usurpado lo poco y nada que tenía el movimiento estudiantil en cuanto a propuestas, y las han pervertido para ganar escaños en el parlamento, para volver a La Moneda, y para darle pega a sus niños en alguna subsecretaría con un sueldo hinchado.

Quienes hemos vivido toda nuestra vida en la injusticia no podemos dejarnos usar por estos oportunistas, no podemos dejar que nos conviertan en elementos que pueden ser desechados, cuando dejan de ser útiles.

Es necesario que pasemos de la consigna vacía a las propuestas contundentes, y que en pos de ellas sean convocadas todas las marchas que sean necesarias, que se tomen todos los colegios y universidades que deban tomarse, y que se llegue hasta las últimas consecuencias por algo que de verdad esté hecho en beneficio de la Nación.

Estudiar, analizar, discutir, proponer y actuar. Ésos son los deberes de los nacionalsindicalistas revolucionarios. Hacer política de verdad, con ideas y sin personalismos baratos. Ése es nuestro estilo.

Con nosotros quien quiera, y contra nosotros quien pueda.

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