Chile, tras dos vueltas y contando - primera parte

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Concluido el año 2017, de sus hechos destacables y que han dado para muchos análisis, tanto académicos como no especializados, se encuentra “la doble fiesta democrática” que en los días 19 de noviembre y del 17 de diciembre recién pasado se desarrolló bajo la consigna transversal de ahora sí viene el cambio. Los resultados de las elecciones de cores, parlamentarias y presidencial permitieron -según muchos entendidos- visualizar con acierto los sucesos esperados para el período 2018-2022.

Mas corresponde reconocer que los escenarios proyectados son al gusto o conveniencia de cada cual, porque siendo los mismos datos hay pocas coincidencias en las proyecciones. Por cierto, tampoco debemos evitar nuestro propio análisis y proyección, actividad en la que durante años hemos sido muy certeros.

En principio, a lo que importa: la abstención sigue siendo un factor importante para caracterizar la salud política del pueblo chileno. Al respecto muchos analistas acusan a un déficit de educación cívica el desinterés por concurrir a sufragar, señalando que una democracia tan “trabajosamente” reconquistada merece un mayor compromiso por parte de la población. Para nosotros, en cambio, lo que se evidencia es una voluntad política de no prestar respaldo al binominal representativo modificado de las derechas e izquierdas que obliga a una permanente confrontación que se traspasa a todas las esferas de la vida nacional. En una imagen, la barca del estado no puede avanzar si los remeros de la izquierda hacen un esfuerzo contrario a los de la derecha, pues en la práctica se convierte en una nave que gira forzada y lentamente sobre sí misma, sin tener un puerto de destino en vista. Eso es lo que se observa y por lo tanto, al no existir un proyecto político que responsabilice a cada miembro de la comunidad nacional y lo inste a participar real y activamente en pro de un verdadero desarrollo general no hay posibilidad del cambio que tanto se promete y por el cual se hace cada vez menos. Lección para los aprendices de brujos: nuestro pueblo no desea andar en confrontación para beneficiar los intereses de los pocos miembros de la comunidad que militan en partidos políticos.

Resulta obvio que el aspecto antes señalado debió ser prontamente minimizado por los analistas $istémicos, no fuera cosa que a los que se abstienen les venga alguna idea o intención fuera del orden naturalizado y que toda esa dialéctica de anular o destruir al contrario se vaya al carajo. De tal modo, como paliativo para el engaño, se magnifican porcentajes sobre la votación minoritaria para convertirla en un triunfo de “participación”, en la ilusoria fiesta de la democracia que tienen por meta incumplida. Es por esta razón que se destacó como muy significativo el pequeño aumento de votación en la segunda vuelta, sin considerar que -seguramente- se trata de un hecho excepcional debido a las particularidades de la contienda.

Antes de la fiesta.

En los días previos a la que sería, en definitiva, la primera vuelta, una sensación mediáticamente reiterada fue que el día 19 sería una jornada de mero trámite. Varios pitonisos de encuestas trasmitían la confianza del brindis triunfal para el candidato de Chile Vamos, en un hecho que por ser inédito en la historia de las votaciones populares sería un hito para iniciar dos o tres gobiernos seguidos de derechas, desastre que un número importante de posibles afectados corean con insistencia; dicha continuidad, dijeron, marcaría el salto definitivo a la liga mayor de crecimiento económico y felicidad ciudadanas. Para cualquiera que conozca bien la historia patria, tal proyección le saltaría de inmediato como una mera ilusión, ilusión que el candidato Piñera también tuvo por cierta, a juzgar por su reacción cuando se hizo público los resultados parlamentario y presidencial, ante el esperanzado alivio de su contendor y su madrina de palacio. Para la segunda vuelta, ahora con encuestadoras más prudentes se perfiló un empate técnico en que ganaba cualquiera, pero se equivocaron en el sentido contrario, pues entonces sí se dieron los porcentajes que habían anteriormente anunciado, sin poder los especialistas explicar por qué. Así ni la fiesta tuvo la alegría esperada para el vencedor ni la derrota pudo dejar bien en claro el camino para los desplazados de la comodidad estatal.

La resaca y el mapa del poder representativo:                                                                           

Las Izquierdas

 Conviene dejar bien asentado que los resultados de la votación parlamentaria mantiene a las izquierdas con cierta ventaja, pero no demasiado para que le permita practicar el exitoso obstruccionismo que fue su principio de acción en la primera administración “empresarial”. Este debe ser el principal temor que los ponga irritables y amenazadores, cual se ha visto recientemente con el anuncio del gabinete ministerial. Por el tenor de sus críticas queda la impresión que desean un co-gobierno, aunque no está claro si se trata de la defensa del mentado legado que anuncian como inmodificable, intransable, perenne y cualquier otro calificativo que conlleve un aire conservador.

Para dar un orden de presentación de resultados y consecuencias habrá que organizar las cosas desde “la izquierda de las izquierdas” -a gusto de algunos-, aunque muchos estén rehuyendo del calificativo, especialmente en el Frente Amplio (FA), por cuanto crear una conglomerado a la izquierda de las izquierdas tradicionales termina por establecer una nueva derecha que -indefectiblemente- termina por tomarse en serio su papel, lo cual es muy grave para los intereses de la nueva izquierda.

La expresión tercera fuerza fue muy utilizada para interpretar el ”sorpresivo” resultado para el Frente Amplio, noticia con la que se intentó invisibilizar la alta abstención. Un aparente renacer de los viejos tres tercios que no tiene ningún sustento real porque Chile sigue “binominalizado”. Veamos, si en una línea cuyos puntos extremos se identifican con una derecha y una izquierda “puras”, el centro viene a ser el punto de equilibrio, el lugar -especie de cocina zaldiviana- de consensos muy bien manejados. Así la comodidad de un centro que no existe -y que parece no haber existido nunca- en vistas de la dispersión de posiciones hacia cada punto polar podría ser el camino de salvataje para muchos; por cierto… otra ilusión. Conocemos que si la tendencia hacia ese centro hipotético se verifica como algo real la estabilidad del $istema estará asegurada y las agrupaciones políticas que han entrado en la nómina del Congreso se dedicarán a administrar su propia supervivencia, recordando -de vez en cuando- lanzar nuevas propuestas ilusorias hacia los sectores populares movilizados, que son la fuente supuesta de sus votos.

El FA comienza a nuclearse -al igual que la Concertación- en base a dos partidos o movimientos ejes. El consenso forzado está en el futuro próximo -siendo su principal riesgo- toda vez que los demás micropartidos o agrupaciones que hoy lo integran tendrán que unir sus fuerzas para no perder presencia en la siguiente parlamentaria, porque el conglomerado puede llegar a ser muy diferente de lo que imaginaron cuando coincidieron por vez primera. Más de alguno, para tratar de diferenciarse de los problemas de otros conglomerados dirá que se trata de los ajuste propio de su notable crecimiento, un común problema de juventud. El fantasma de una coalición instrumental tipo Concertación o Nueva mayoría está muy presente en la mente de los que llaman a forjar prontamente un proyecto unificador que los diferencie tanto como para asegurarles el paso a conglomerado gobernante.

El Partido Comunista (PC), el partido leal a la administración bacheletista, tiene sus cuentas rojas que analizar. En primer lugar, es claro que eso “de un pie en la calle y otro en el gobierno” no funcionó, porque para salvar lo segundo se vieron en la necesidad de boicotear las intenciones que surgían de esa misma calle tan mitificada y siempre esquiva a una dirección única. Para lo segundo, las metas no se cumplieron, a pesar de sumar dos diputados para hacer la revolución desde el Congreso serán muchas elecciones por delante para acercarse al que se supone es su objetivo fundamental. Y por cierto, el hecho que Revolución Democrática los haya superado en bancada e igualen con el Partido Radical debe ser una brasa muy ardiente en los intestinos del partido. En tercer lugar, debido a lo identificado que están sus militantes, su acción a nivel administrativo estatal tendrá un importante retroceso, porque a varios partidos no les conviene que se queden bien ubicados mientras los demás se van a engrosar el número de desocupados. Sin embargo, tratándose de los comunistas si el Plan A es impracticable y los Planes B no dan los resultados esperados… ¿por qué no probar con el Plan C?

El Partido Socialista (PS), contrario a sus temores, salió fortalecido parlamentariamente en esta ocasión. Tanto que casi recupera la fe en sí mismo. Otra ilusión. Sus problemas internos son estructurales, término normalmente técnico que sirve para ver la paja en el ojo ajeno. ¿En qué consiste el socialismo que anuncian? Esa simple pregunta dirigida a sus dirigentes obtendrá una diversidad de respuestas, manifestación evidente de las concepciones “socialistas” de las facciones que lo componen -tal como sucede con las corrientes en la DC. Lo importante de la hora, para su propio interés, no es el poder de las facciones internas para direccionar la toma de decisiones partidarias para hacerse de cargos en las distintas áreas de la administración pública, sino qué tienen para ofrecer al Chile del siglo XXI luego de entregarle al país dos presidentes socialistas que terminaron no siéndolo.

El Partido Por la Democracia (PPD), el partido instrumental anti dictadura, que se fue institucionalizando en la medida que los ex todo que formaron su primera militancia comenzaron a sentirse muy cómodos en brazos del $istema, requiere de una operación mayor de marketing para recuperar su inicial prestancia. Hacer de lo instrumental algo permanente movió a sus dirigentes a darse una identidad partidaria en ese compuesto indeciblemente del liberal-progresismo. La fusión como salvavidas no parece ser el remedio a todos sus males, pues hay muchos pecados de la Transición en su historia. Desde ya, para ganar el horizonte, la preparación de una candidatura presidencial en la persona de Lagos junior podría animarle y, al mismo tiempo, darle una revancha al padre por sus dos intentos fallidos de volver a servir al país desde La Moneda. Aunque obviamente hay un obstáculo médico que todos conocen bien para tan buena intención.

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