Chile, tras dos vueltas y contando - segunda parte

¿Todos deberían ser de Centro o todos lo necesitan? Como se ha dicho antes, en la aproximación a un centro hipotético se pueden descubrir -desde ya- un par de objetivos interesantes. Uno, “normalizar” una convivencia a un estatus de referencia modélico próximo a una visión liberal socialdemócrata; dos, reencantar y capturar la votación de un engendro denominado “clase media”, grupo humano del que no se conoce que límites precisos tenga, lo cual no deja de ser una ventaja para intención de auto-identificación.

Los partidos Radical Socialdemócrata y Democracia Cristiana, han hecho discurso de pertenencia y de hecho se han convertido -tradicionalmente- en los principales “representantes” de tal segmento poblacional que debería distribuirse entre los ricos (burgueses) y los pobres (proletarios). Otra de las tantas ilusiones de nuestra idiosincrasia, en que no gusta ser calificado de pobre aun siéndolo.

La idea de un partido “aduana” o bisagra para el nuevo escenario político tiene varios candidatos sin demasiada ventaja de preferencia, pero no deja de ser una necesidad del $istema. Quizá algunos prefieran llamar a su actividad una mediación activa para sostener nuestra reconocida democracia posdictadura, en que perfeccionar el statu quo se muestra como objetivo de amplia conveniencia. El juego de la permanente obstrucción parlamentaria, amenaza que en la hora de euforia esbozaron algunos noveles representantes electos no tiene futuro cuando hay que pagar la mantención de un legado con una sola clara beneficiaria.

El “centro-algo”

El Partido Radical Socialdemócrata (PRSD) tiene en su nombre político una identificación que al siglo XXI carece de un significado comprensible para la mayoría, lo que no obsta para que arrastre su presencia como acompañante bien privilegiado de cualquier coalición o fracción de ella que se haya visto en los últimos tiempos. En efecto, dispone de más cargos en la Administración Pública que militantes que conozcan o puedan expresar en qué consiste la tal “radicalidad” de su pensamiento, la que originariamente se debía a la facción de izquierda extrema del Partido Liberal, tronco partidario del que se descolgó.

Con cuatro presidentes electos y tres gobiernos, en poco más de una década fue importante para el desarrollo del país, pero al perder su fulgor republicano buscó re-posicionarse desde la adhesión a tesis de la superada forma marxista de la socialdemocracia lo que lo llevó a dividirse en la década del 60 del siglo pasado. Agregó el apellido socialdemócrata luego de su fusión con un resto náufrago de su anterior división.

Su último salto de viveza fue “apoderarse” de Guillier para asegurar un trofeo más en la galería presidencial. Su mayor problema en la actualidad es conocer que posible coalición opositora le puede dar cobijo para subsistir hasta celebrar su bicentenario.

La Democracia Cristiana (DC) esperó demasiado para animarse al camino propio -sus mentores extranjeros le habían recomendando hacerlo hace bastante tiempo- en un claro intento por reencontrar su pasado de fuerza revolucionaria cuando era la Falange Nacional, organizada a partir de la juventud del Partido Conservador.

Las traiciones continuas a su espíritu fundacional y sus constantes claudicaciones “coyunturales” a los propios principios para acomodar la primogenitura en las coaliciones que ha participado; el problema insuperable de caudillos visualizados como corrientes de pensamiento; el vaciamiento de su militancia hacia formas más de izquierdas o de derechas son la resultante de su intención de conservar la hegemonía de la centralidad política y, como premio, la gran cantidad de puestos de trabajo que considera su propiedad en la administración estatal. Tal suma de situaciones han llevado al partido a su crisis actual tras recibir un significativo castigo en las últimas elecciones.

En un escenario así de complicado, su fuerza electoral y su militancia probablemente seguirán el viejo camino de la subdivisión, distribuyéndose un poquito más acá o un poquito más allá entre derechas e izquierdas, hasta que alguien se quede con la marca, el timbre y la campanilla. De partido eje de la Concertación a comparsa triste de lo que venga, cuando en su mejor papel podrá proyectarse colaborando como mediador en los acuerdos que necesite el gobierno Piñera, tiempo en que su deseo de liderar la oposición será su propia ilusión.

Las derechas

Al igual que la Izquierda, la Derecha en estado puro no existe; de hecho, ningún partido de la coalición Chile Vamos lleva dicho concepto por nombre, razón por la cual eligen nombres menos provocadores, con un toque de marketing para modernizarlos. Y si no lo llevan en el nombre, la respuesta a la pregunta en qué lugar de la recta “política” se posicionan, será la declaración mecanizada y única de domicilio “en la centroderecha”.

Desde los inicios de la era republicana la tensión entre conservadores y progresistas dejó por establecido dos grandes partidos de referencia: conservadores y liberales. Sus luchas avanzaron hasta el siglo XX, en que la falta de mayorías consistentes premió la vigencia de coaliciones de gobierno en que ambos participaron. Su acta de defunción como partidos con identidad propia la sellaron el día que, aterrorizados por los avances planetarios del “comunismo”, entregaron su apoyo a Eduardo Frei Montalva para salvar la patria y la democracia amenazadas. En la elección de 1965, un electorado bien catequizado los dejó al borde de la desaparición del tablero político. El año 1966, los restos de ambas formaciones se integraron con los nacionalistas de derecha en el Partido Nacional. Fueron las ideas de los nacionalistas las que lo convirtieron en un partido popular con el cual en la elección de 1970 avanzaron hasta ocupar uno de los míticos tres tercios, fuerza con la que enfrentaron con éxito al gobierno de la Unidad Popular. Una vez cumplida la tarea de derrocar a Allende se autodisolvió sin sumarse masivamente a las tareas del Gobierno Cívico-Militar. Hacia la fin de ese período, con varios intentos previos, la restauración partidista que preveía la Constitución del 80, requería de una gran fuerza de centroderecha para proyectar el legado de Pinochet, pero el asunto no anduvo bien y todo volvió a sus inicios con Renovación Nacional (la vertiente liberal) y la Unión Demócrata Independiente (la vertiente conservadora) replicando la lógica de sus históricos desacuerdos.

Con el triunfo de la Concertación, la convivencia de los centroderechistas en sus coaliciones nunca anduvo en plena concordancia, pues en los primeros tiempos la UDI fue tan predominante como en la actualidad lo es RN. Bien que esto último se debe al accidente de la fragmentación de la UDI, en favor de Evópoli, organización política que no considera dar un paso atrás, como si lo está haciendo mucha gente de Amplitud, expresión “rebelde” de RN que no tuvo fortuna en las urnas.

La Unión Demócrata Independiente (UDI), surgió de las ideas y acciones del Movimiento Gremial, grupo político universitario de los años 60 cuya matriz de pensamiento era inicialmente corporativa (muy próxima al nacionalsindicalismo). Durante el gobierno cívico-militar mutaron hacia el neoliberalismo propuesto por los Chicagos Boys, iniciando una feroz embestida para ser los “niños del régimen” ocupando la mayoría de los cargos relevantes de la administración pública, creciendo en pensamiento y riqueza. Al terminar dicho período, fueron premiados por los votos de los leales partidarios del general Pinochet, lo que los convirtió en el primer partido político de derecha con un importante registro de votos “populares”. Este hecho los motivo a hacer propaganda bajo la referencia de UDI Popular.

En las circunstancias actuales, este partido acumula la decepción de no haber llevado a uno de sus militantes químicamente puro a la primera magistratura y es probable que tal deseo no se verifique en los tiempos buenos por venir, menos cuando van perdiendo pie delante de un modernizado RN.

Renovación Nacional (RN), heredero directo del ala más “progresista” o liberal del antiguo Partido Nacional, empezó su participación política en la restauración democrática haciendo el discurso de no responsabilidad en los hechos acaecidos durante la dictadura, lo que le valió ser visto como un partido no comprometido con su obra rectificadora, por lo cual se debía desconfiar de sus intenciones; en efecto, se recuerda que renunció hace muchos años a la calificación del partido de los fuertes y a la organización en base a una sola línea política, cual fuera la impronta jarpista de los 70. Arrastró durante años el propiciar una política de acuerdos con los gobiernos de la Concertación jugando contra la hegemonía de la UDI en el sector de derechas, mientras esperaba su turno que llegó de la mano de un empresario multimillonario que se jacta del mismo discurso.

La reciente elección logró ubicar al partido del presidente electo como la institución política más importante del conglomerado de derechas. Y cuando decimos que se trata del partido de Piñera, la tal pertenencia tiene los sentidos tanto de propiedad como de lugar de militancia.

La dirigencia de RN nunca ha perdido la esperanza de hacer una coalición de gobierno con la DC, en el entendido que con tal reencuentro se daría un gobierno sólido y de proyección que permita por su estabilidad y compromiso social minimizar las acciones de los partidos de izquierdas y de la UDI. El gran acuerdo está en la mente de muchos, falta la voluntad para materializarlo.

La voz del país real

La fragmentación partidaria y su reflejo en el Congreso Nacional lleva a un sólo juicio certero que como Movimiento hemos sostenido desde siempre: el Estado basado en el predominio de los partidos políticos nunca resolverá los problemas del Chile real. En contra de la frase cliché de la segunda vuelta, repetida transversalmente de capitán a paje, que decía “no da lo mismo quien gane” podemos afirmar que en el régimen previsto por la Constitución modificada del 80 no tiene importancia quién asume la carga de Presidente de la República, porque el $istema siempre ganará hasta que los chilenos se atrevan a marcar la diferencia. Tal es la tarea que tenemos como movimiento político porque somos la voz de la Comunidad Nacional.

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aspas200x184El Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS) es la organización política que lucha por el establecimiento de un nuevo Estado y la forja de una nueva cultura en Chile e Iberoamerica toda, basados en la unidad y justicia; con miras a posibilitar la realización de toda persona, mediante el desarrollo y ejecución de un proyecto de nación.

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Memoria Chilena - Sitio web de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) dedicado a nuestra cultura. Abundante material histórico disponible en versiones digitales.

Cinismo Ilustrado - El espíritu de los cínicos. Ilustraciones, diseños, textos y demás materiales del mexicano Eduardo Salles.

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