Desmitificando la nueva pandemia: verdades, mentiras e imperativos

Mucho se ha hablado últimamente acerca del Coronavirus dentro de la prensa, tanto internacional como nacional, destinándole gran cantidad de tiempo y recursos a la difusión de las últimas novedades, contagios, muertes, y pormenores; mucho dato azaroso (o sacado con pinzas) y poca estadística, mucho pavor y poca prevención, mucha histeria y poca calma. Y nada más tragicómico que salga un experto en TV, de vez en cuando, diciendo que mantengas la calma, después de horas de transmisión donde atentan contra tu salud mental, repitiendo una y otra vez, algo que parece más amedrentamiento que información. Casi como si quisieran que de lo único que se hablará fuera de eso… mmm… espera… ¿es eso?

Antes de especular sobre el origen, la gravedad, la histeria, los intereses y la opinión pública, vayamos a los hechos para responder la desinformación.

Psicosis y Paranoia.- Primero y último para la gente de a pie: calma. El bombardeo de información y percepciones sobre la pandemia genera una situación psíquica de incertidumbre; y cuando nos encontramos en esta condición, echamos a andar mecanismos psicológicos llamados mecanismos heurísticos, que no son del todo racionales y nos llevan a interpretar lo que está pasando a través de muchos sesgos, generando ansiedad y angustia, como si fuera un ciclo que nunca termina. Lo anterior nos induce a pensar que algún evento catastrófico es más probable de lo que realmente es si analizamos lógicamente las estadísticas. Esto puede generar una cierta disociación entre la realidad como tal y el actuar (y las emociones) de la persona que sufre la ansiedad.

Un ejemplo ocurre al momento que la gente va y desabastece de mascarillas o productos desinfectantes a las farmacias y supermercados. Para mucha gente, tomar medidas/precauciones, aunque no sean efectivas, no sirvan o no estén recomendadas, es una forma de sentirse más seguro ya que aumenta su ilusión de control. Pero es eso, justamente una mera ilusión. Con eso podrían bajar su ansiedad, pero claramente no bajarían las probabilidades de contagio, lo que podría ser más perjudicial para ellos y para el resto al actuar bajo los sesgos de la emoción y no bajo la lógica, dentro de un contexto de pandemia. Lo mejor es seguir las recomendaciones concretas de las organizaciones especializadas en el tema e informarse con datos concretos para tratar de contrarrestar los mecanismos y sesgos que pueden calmarnos al comienzo, pero que después solo aumentarán nuestra ansiedad [1].

¿Qué es? El Coronavirus es un agente de carácter vírico perteneciente a la familia corona, presente usualmente en animales, y que, dado una variación de estas cepas, dio origen (de manera y forma aún desconocida para la ciencia) al COVID-19 que se presenta y transmite de animales a humanos; científicamente, un virus de carácter zoonótico.

¿Qué significa Pandemia? La Organización Mundial de la Salud (en adelante, OMS) en las últimas horas ha clasificado al Coronavirus como Pandemia, ¿esto significa que ahora es más letal? ¿más grave? ¿más intratable? ¿más… "vamos a morir todos"? No, no significa nada de eso. Significa algo que todos sabíamos, una afectación patológica de carácter infeccioso que abarca una gran cantidad de territorio simultáneamente.

¿Qué tan grave es? El Coronavirus genera dificultades en el aparato respiratorio, por ende, sus implicancias son muy similares a las de una gripe o neumonía. El 80,9% de los casos son Leves, o sea que puedes quedarte en casa como si tuvieras un resfrío (obviamente sin mayor contacto) … espera ¿Qué? ¿O sea que si me contagio no pasaré a mejor vida enseguida?... Muy probablemente no, incluso los casos graves, que requieren hospitalización, rondan el 13,8%. Y los casos críticos, que requieren tratamiento intensivo rondan el 4,7%… Entonces, no deberías morir enseguida, de hecho, es muy probable que, dependiendo de tu edad, estado de salud y condiciones previas al contagio, te den de alta inmediatamente a tu hogar o lo hagan en unos días. Del total de casos en el mundo, un 56,6% ya se recuperó, un 40% está actualmente cursando el cuadro infeccioso, y un 3,5% ha muerto [2].

¿Cómo se propaga? El virus se propaga por el contacto directo y por gotículas o gotitas, que son liberadas en nuestras secreciones, usualmente al momento de toser o estornudar… ¿Están por todas partes, en el aire, en el agua, en mí?... No, no se quedan en el aire flotando, al salir expedidas, mantienen un trayecto donde “vuelan” alrededor de un máximo de 1,5 metros a 2,5 metros aproximadamente, y luego caen (sí, existe la gravedad) al piso o a alguna superficie, que, dependiendo de la naturaleza de la misma y las condiciones climáticas como la temperatura o la humedad, se mantendrá allí, más o menos tiempo. Para que tengan una idea la vida media (es decir, el tiempo necesario para que una determinada concentración de virus descienda a la mitad) es de 13 horas en acero y 16 horas en plástico. Aún no se sabe, cuál es la cantidad de concentración que tiene la capacidad para infectarnos; o sea que todavía no se sabe cuál es la dosis infectante. Otra cosa a tener en cuenta es que las personas que están en el período asintomático de la enfermedad tienen poca probabilidad de contagiarla de forma masiva, porque básicamente si no estás tosiendo, es menos probable que andes tirando gotitas por doquier, y que alguien las reciba.

¿Quiénes son los más afectados? Los que peor pueden salir parados de esta infección, son los adultos mayores de más de 70 años y las personas mayores de 60 años que posean alguna enfermedad crónica como: enfermedades cardiovasculares, Diabetes, EPOC, Hipertensión, Problemas de inmunodeficiencia y Cáncer [3].

Por ejemplo, en Argentina donde ocurrió el primer deceso por Coronavirus en Iberoamérica, el paciente de 64 años padecía de diabetes, hipertensión, bronquitis crónica e Insuficiencia renal crónica.

En Italia, el país más afectado de Occidente por los contagios, el día 14 de marzo murieron cerca de 250 personas, solo en un día, la gran mayoría hombres mayores de 80 años y con patologías crónicas. De hecho, un 46% de los decesos en Italia son de personas que poseen simultáneamente al menos tres de las enfermedades crónicas que mencionamos anteriormente [4].

Divididos por rango etario, el riesgo y gravedad de contraer Coronavirus es variable: Entre los 0 y los 39 años el riesgo es de 0,2%; entre los 40 y 49 años el porcentaje es de 0,4%; entre 50 y 59 años el riesgo es de 1,3%; entre 60 y 69 el porcentaje aumenta a 3,6% de riesgo; entre los 70 y 79 años llega a un 8%; y para mayores de 80 años alcanza un peak de 14,8% [5]

¿Cuántos mueren? Los datos de la Universidad John Hopkins a la fecha del 16 de Marzo dan aproximadamente una cantidad de 169.000 infectados, con una cantidad de 6.500 muertos; de estos datos, 81.100 infectados y 3.280 fallecidos son de China, país donde están las cepas originarias y por ende más variables. Si hacemos el cálculo global, nos da una tasa de 3,8% de letalidad, y si hacemos el mismo ejercicio para el resto de los países, excluida China, la tasa de letalidad disminuye a 3,6%. (Hace unos pocos días las cifras eran 3,3% en China y 2,5% en el resto del mundo, este aumento se debe estadísticamente en parte a los decesos ocurridos últimamente en Italia).

Y aquí tenemos que destacar algo importante: con el tiempo, esta tasa de letalidad debería ir disminuyendo, ¿por qué?, lo explicaremos con Corea del Sur, que tiene una tasa de letalidad de 0,7% aproximadamente... como el Coronavirus se trata de una epidemia reciente, eso significa que la cantidad de reactivos (RT-PCR) para realizar los test de detección temprana, no son de acceso fácil y masivo; por ende los sistemas de salud no tienen un gran stock de ellos y, además, la mayoría de las personas que acuden al centro de salud, son personas con cuadros medios o graves, lo que significa que hay una cantidad de personas que tiene el virus, pero tiene síntomas leves o casi nulos, y gente que tiene el virus y no puede hacerse el test para comprobar su presencia. En consecuencia, estas personas no se contabilizan en las estadísticas. En la semana del 20 de Enero, EE.UU. había examinado a 4.300 personas en su territorio, Corea del Sur, en cambio, hizo el test en 196.000 personas [6].

"Detectar el virus en sus etapas más tempranas es fundamental para poder identificar a las personas que lo tienen y de esa forma poder detener o demorar su expansión", le dijo a la cadena CNN Park Neunghoo, ministro de Salud de Corea del Sur. “Eso nos ha permitido también planear adecuadamente la atención en salud, debido a que solo el 10% de los contagiados requiere hospitalización" [7]

Comparemos. El Coronavirus no es el peor virus, ni el más letal, ni el más peligroso en la historia de la humanidad, ni siquiera (al parecer) de las ultimas décadas. Aquí algunos ejemplos de enfermedades que se pueden contagiar, y sus tasas de letalidad en la población.

Ébola, virus que el año 2014 tuvo el mayor brote de su historia, posee una tasa de letalidad del 50%. MERS (Síndrome respiratorio de Medio Oriente), que sería algo así como un primo del COVID-19, llega al 38% de letalidad. Viruela, considerada erradicada desde la década del 80, se posiciona con una letalidad del 30%. Polio, virus que no tiene cura, pero si vacuna para prevenirlo, posee una tasa de letalidad cercana al 24%. SARS (Síndrome respiratorio agudo grave), descubierto y propagado entre el 2002 y 2004, alcanzaba el 10% de letalidad, según la información aportada por el Centers for Disease Control and Prevention, EE.UU.

Algunas de las enfermedades contagiosas que causan más muertes por día: Tuberculosis con 3.014 muertes en un día; Hepatitis B con 2.430 muertes; Neumonía con 2.216 muertes; VIH con 2.110 muertes al día; Malaria con 2.002 muertes; Rotavirus con 1.233 muertes; Norovirus con 548 fallecimientos; Cólera que causa 392 muertes al día; Meningitis con 329 decesos; y la Rabia con 162 muertes al día.

¿Síntomas? Los síntomas para el virus son tos o dolor de garganta, dolor de cabeza, fiebre, secreción nasal, malestar físico general, dificultad para respirar y dolor muscular. Todo esto puede avanzar a cuadros de mayor gravedad como lo es una bronquitis o neumonía.

¿Prevención? Primero que todo, las mascarillas no sirven efectivamente para evitar ser contagiado, porque tus ojos por ejemplo siguen expuestos y también hace que tus manos vayan a la cara para acomodar la mascarilla; así que olvídalo, las mascarillas son para las personas que ya están contagiadas (que presentan síntomas usualmente) con el fin de poder evitar la transmisión de gotículas y secreciones al resto. El personal médico ocupa mascarillas y trajes especiales, ya que están expuestos a altas dosis víricas en lo cotidiano e inmediato.

Es importante, lavarse las manos y brazos constantemente (con jabón y abundante agua o con alcohol en gel) alrededor de 30 segundos como mínimo; toser en el pliegue del codo; evitar llevarse las manos a la cara; evitar el contacto con superficies sospechosas y después llevarnos las manos a la boca, nariz, ojos, heridas, etc.

¿Tratamiento? Que no exista una vacuna o un antiviral especifico no significa que no exista una forma de tratar los síntomas el Coronavirus. Como dijimos anteriormente, en casos leves se suele tratar como una gripe, enfocándose en la mejoría de los síntomas y el apoyo al sistema inmunológico para que haga frente al invasor. En los casos más avanzados hay opciones de medicamentos llevadas a cabo por algunos centros de salud: estos serían antiinflamatorios y antivirales como ritonavir, lopinavir, cloroquina y remdesivir (ocupado en el MERS Y SARS). Otro medicamento estrella de la biotecnología cubana es el Interferón alfa 2B, que, entre otros medicamentos, está ayudando a superar la crisis en China, a través de una cooperación mixta entre ambos países. La OMS no ha avalado ningún medicamento específico y efectivo contra el virus, pero sí publicó una lista de decenas de compuestos que por sí solos o combinados podrían reforzar la respuesta inmunitaria de los pacientes en los casos más graves. En resumen, los tratamientos aún están en fases experimentales, y hasta el momento no existe un proceder único, verificado, totalmente efectivo y avalado por la OMS [8][9]

Para nuestras esperanzas, la ciencia está esforzándose por encontrar soluciones, con más de 150 artículos/estudios científicos; más de 8 prototipos de vacunas en proceso; una cantidad de 80 ensayos clínicos con antivirales en curso; además de rápidamente haber conseguido la forma de detectar el virus, con el ensayo de RT-PCR.

En China, la cantidad de contagios ha ido disminuyendo día a día, incluso haciendo que los hospitales construidos para controlar la situación, sean desmantelados íntegramente. Han pasado de tener 15 mil contagiados por jornada (14 de febrero), a tener 22 contagiados por día (14 de marzo), de los cuales la mitad fueron contagios importados. China se está recuperando y está dispuesta a ayudar a la comunidad internacional, porque saben que deben hacerse cargo con voluntad y humildad de esta pandemia que nos aqueja [10].

Como debería actuar el Estado.- Todos desconfiamos del “mejor sistema de salud del planeta tierra/sistema solar” [11], básicamente porque es precario, de difícil acceso, con limitaciones de infraestructura, recursos, insumos, profesionales, potestades, control y fiscalización. Lo anterior no es más que una consecuencia de un sistema económico y político que desmantela la salud pública e instala las leyes de mercado dentro de lo más sensible de la población, su vida y su dignidad. Esto es tan evidente, que el mismísimo neoliberal y presidente de Francia, Emmanuel Macron tuvo que reconocer “Esta pandemia revela que la atención de salud gratuita, sin condiciones de ingresos o profesión no son gastos o cargas, sino bienes preciados y hay servicios que deben colocarse fuera de las leyes del mercado” [12].

Como estamos hablando de una pandemia, el rol y la obligación del Estado es contener y evitar que el virus se propague, porque mientras más gente tenga Coronavirus, mayor es la probabilidad de que haya un alto número de muertes. En ese sentido, el Estado no puede escatimar en gastos y esfuerzos para salvaguardar el bienestar de la población.

En esto de la salud y de la crisis, no hay recetas secretas ni dogmas, hay que ser pragmático y estratégico. Dada las condiciones actuales, se necesita en primera instancia un Estado fuerte, con decisiones centralizadas y un buen despliegue de acciones; mientras que luego de pasado lo peor, sería necesaria una fase de control localizado en los focos que aún pueden ser riesgosos, lo que implica un grado de autonomía y descentralización.

Si ya estamos en fase 4 [13], entonces la distribución y aplicación de los test para el diagnóstico deben ser a gran escala, se debe controlar y hacer la prueba a la mayoría de las personas posibles, como si fuera un censo, pero para salvar vidas. Así lo han entendido Corea, China, Japón, entre otros. Cuando sabes dónde está o dónde puede "estar" el virus, puedes poner los esfuerzos para romper la cadena de propagación, obviamente con medidas en este caso coercitivas pero necesarias para la población, como lo son las cuarentenas, las cancelaciones de eventos, clases, grandes aglomeraciones, transportes masivos, etc. Siempre con información y calma, no buscando el alarmismo y la paranoia. Si no se pueden parar los contagios, al menos se pueden ralentizar para poder descongestionar el sistema de salud y lugares vulnerables; y así focalizarse en los pacientes para salvar vidas.

Otro punto clave es justamente el flujo y calidad de la información, el gobierno ha estado dando discursos confusos y contradictorios, por ejemplo, con las decisiones de la cancelación de clases. Es totalmente necesaria la generación de un ambiente de confianza, desechando la incertidumbre a través de la información y capacitación de las comunidades básicas de la nación, para que participen activa y responsablemente ante la propagación del virus. Es indispensable el sentido de comunidad, solidaridad de clase y empatía.

Se debe garantizar el aislamiento de las personas que mayor riesgo corren, y pagos de licencias a las personas mayores de 60 años, como también a los padres o madres que deben cuidar a sus hijos por la suspensión de las clases. En el caso que la cuarentena no se de en un lugar seguro para la persona o para sus cercanos, el Estado debe brindar las condiciones necesarias. Actualmente, el gobierno pareciera más preocupado porque los empresarios no pierdan dinero y los pobres sigan produciendo para llenarle los bolsillos, aunque esto signifique la pérdida de vidas humanas.

El Estado debe supervisar y garantizar la producción y provisión de alcohol en gel, guantes, jabón y aquellos recursos de prevención ante el contagio, distribuyendo gratuitamente incluso, y fiscalizando a los privados para que no aprovechen la situación y aumenten los precios, privilegiando la usura sobre el bienestar de la población.

Los laboratorios farmacéuticos deben coordinarse y garantizar la elaboración y distribución de medicamentos requeridos para el caso, como también de los test de detección temprana, para así poder generar una contención real y no caer en escasez de estos últimos, como ha ocurrido en Italia o Francia. Deben poner su capacidad productiva en función de combatir la pandemia y asegurar así condiciones básicas para el sistema de salud. En caso de tener que recurrir a la importación, tanto Cuba como China han declarado que poseen excedentes y podrían facilitarlos al resto de los países.

En cada lugar de trabajo, estudio y junta de vecinos, deben conformarse comisiones de seguridad e higiene para garantizar la participación y aplicación de los protocolos contra el brote. Para esto es necesario brindar capacitación a las comunidades y a sus integrantes a través de expertos o profesionales de la salud, articulados a través de las redes de atención primaria, CESFAM, etc. que serán "la primera línea" frente a los contagios, y están más cercano a las comunidades reales.

El Estado debe centralizar todos los recursos existentes del sistema de salud nacional, incluyendo a los privados. Ante la precariedad del sistema público es necesario y urgente unificar los sistemas públicos y privados para garantizar la atención inmediata a toda la población.

El Estado debe invertir e insistir en la investigación e innovación para la creación de nuevos conocimientos, aplicaciones, productos y servicios relacionados para el combate contra el COVID-19. Esto también significa la inmediata capacitación de los profesionales del área de la salud, y las gestiones necesarias para importar el conocimiento y experiencia de los países que han estado combatiendo arduamente la pandemia, como es el caso de expertos de Corea, China, Japón, Rusia, etc.

Es necesario extremar las medidas de control sanitario en las fronteras, entendiendo que el momento para combatir la pandemia es ahora ya, cuando tenemos un clima favorable, y la llegada del invierno no se avecina inmediatamente. El cierre inmediato de las fronteras es una medida imperativa que no admite dudas tal como lo han hecho la mayoría de los países que saben que pueden verse sobrepasados en la capacidad intrínseca de sus sistemas de salud.

Lo más importante es la acción concreta y rápida, no puede ser que el Gobierno se demore en recomendar a la gente el quedarse en sus casas. No puede demorarse en decretar limitaciones para la aglomeración de personas, como por ejemplo, las clases en instituciones educativas superiores. No puede ser que el Gobierno haya esperado que Argentina confirmara su primer caso, para que después de un par de horas, ellos lo hicieran, sabiendo que la confirmación fue con horas o días de antelación (en el caso de que no sea así, es más preocupante ya que eso significaría que el primer contagiado estuvo días hospitalizado sin hacerse el test de diagnóstico). No puede ser que el Gobierno no se anticipe a los hechos, sabiendo que tiene un sistema de salud pública nefasto. La velocidad y calidad de reacción es sinónimo de vidas salvadas.

Es necesaria una reestructuración y renovación del sistema de salud nacional, desde sus pilares fundamentales hasta sus valores y principios éticos rectores. El nuevo sistema de salud debe tener como prioridad a las comunidades, entendiéndolo como el desarrollo y el enfoque en la atención primaria y la medicina familiar. Se debe poner en marcha un plan para que los primeros niveles de atención sean robustos y tengan las potestades para generar una cultura de la prevención y tratamiento inmediato/personalizado de la población. Si así fuera, podríamos responder desde las pandemias (como el Coronavirus) hasta las enfermedades cotidianas, con una gestión descentralizada e inmediata que abarcaría a la mayoría de los habitantes de la nación; ahorrando gastos, salvando vidas y dándole una ansiada dignidad a la gente de este país.

Sin embargo, somos conscientes que éstas medidas no serán adoptadas por el gobierno de Sebastían Piñera y los neoliberales y tecnócratas que le asesoran. Deberá ser la propia comunidad autoconvocada y gestionada la que tendrá que hacer frente a esta pandemia; de lo contrario, las consecuencias podrían ser nefastas.-

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