El etiquetado en el capitalismo: deseo, consumo y enfermedad

El etiquetado en el capitalismo: deseo, consumo y enfermedad

Tras una absurda controversia sobre el nombre de un producto radican cuestiones de consumo y capitalismo que deben comentarse con una perspectiva distinta. En este caso, a partir del Diseño, revisamos qué ocurre con la creación de etiquetas, cómo ese proceso se vincula estrechamente con la identidad y el consumo, y, para el caso de los alimentos, cómo la ley de etiquetado de 2012 parece llevarnos a zonas grises sobre el consumo, pues cabe preguntarse, ¿por qué la «Negrita» (hoy «Chokita») no tiene sellos o discos de advertencia? ¿Es la ausencia de sellos sinónimo de producto sano?

Quienes diseñamos nos enfrentamos cotidianamente a crear piezas gráficas para la promoción de ciertos productos o servicios. En esa línea, un concepto que se encuentra bastante presente, en el diseño contemporáneo y marketero, es la deseabilidad. En términos simples, se trata de crear, por ejemplo, una etiqueta seductora, con información fácil de digerir, con la menor cantidad de texto posible: porque leer es aburrido -se dice-; en cambio, ver imágenes, fotos, ilustraciones, es divertido y mucho más atractivo.

Sin embargo, como consumidores o clientes, esto ha implicado que tengamos cada vez menos información disponible respecto a lo que estamos adquiriendo y, simplemente, nos dejamos llevar por tal o cual estética del producto. Por ende, para lograr ese diseño deseable necesitamos, como diseñadores, ir más allá de una ilustración llamativa o un nombre pegadizo: necesitamos que el consumidor (porque así se formula en prácticamente todas las universidades, manuales, etc.) sienta alguna identificación con el producto; debemos, pues, apelar a algún aspecto identitario y crear símbolos.

Este transitar del homo œconomicus al homo consumens y la «sociedad de consumo», ha colocado como dinámica central de la vida social al consumo de productos no necesarios para la supervivencia de la especie (Cortina, 2002), apelando a la idea de arquetipo; vale decir, lo que se refiere a una persona con determinadas características, con ciertos comportamientos predeterminados, que muchos diseñadores utilizan como guía para la producción de piezas gráficas para así llegar más fácilmente a la persona (“público objetivo”) que se espera que adquiera el producto o servicio en cuestión, debiendo, para ello, recurrir a trabajos sobre psicología de la más variada (Sanna, 2011).

Puede ser una idea que, efectivamente, tiene asidero en la realidad; sin embargo, simplifica la decisión de adquirir algo o no, a la mera aproximación simbólica y afectiva de la persona, dejando completamente de lado nuestro potencial interés por incorporar productos a nuestra vida que se condigan con nuestros principios, creencias e intereses de salud, cuidado del medio ambiente y redes (justas) de producción de las cosas o la prestación de servicios, por nombrar algunas dimensiones que, a estas alturas, debieran ser nuestra principal guía en comportamientos de consumo.

En la misma línea, las normativas de etiquetado resultan ser bastante escuetas respecto a la información que debe estar presente en estas piezas. En los alimentos, por ejemplo, actualmente se deben consignar los ingredientes, de acuerdo a la cantidad de cada uno presentes en ellos, pero sin indicar los porcentajes. Además, se debe resaltar en negrita (negrilla o bold) y mayúsculas ciertos ingredientes que la autoridad sanitaria determinó que podían ser nocivos para la salud, como ocurre con el amarillo crepúsculo y la sucralosa, por poner algunos ejemplos. Así, por ejemplo, en el Manual de etiquetado nutricional de alimentos se indica que: “Amarillo Crepúsculo y Tartrazina deben estar destacados en el listado, porque pueden producir cuadros alérgicos en personas sensibles.” (MINSAL, 2017, 17)

Sin embargo, en Chile, la innovadora normativa de “discos pare” (Ley 20606 de 2012) no considera el aspecto antes mencionado, por lo que promueve, precisamente, el consumo de alimentos que contienen sucralosa, ya que reemplazar azúcar con sucralosa es la manera más fácil de evitar que tu producto tenga el disco (la advertencia) de “ALTO EN AZÚCARES”. Así, desde que se implementó esta medida, y si te tomas el tiempo de mirar los ingredientes de los productos, han desaparecido los «jugos néctar» con azúcar agregada, por lo que, si compras cualquier néctar de fruta, de cualquier marca, estarás consumiendo sucralosa en vez de azúcar.

El azúcar es un producto nocivo para la salud, sí, pero el ser humano posee la capacidad de regular las cantidades de productos que consumimos, en la medida que sepamos lo que contienen. Empero, esta normativa de etiquetado ha disfrazado el consumo de sucralosa en la promoción de supuestos hábitos saludables, como disminuir el consumo de azúcar, incorporando, en la mayor cantidad de productos dulces que hoy existen en el mercado, la sucralosa, que no es inocua a nuestra salud (Suez et al, 2014), y que tiene efectos bastante más preocupantes para la salud que el consumo moderado de azúcar (Durán et al, 2013).

En palabras más simples: si yo cuento con poco dinero para comprar una bebida en un negocio, ya no tengo la posibilidad de elegir con qué está endulzada esa bebida. Solamente puedo escoger entre la amplia variedad de jugos con sucralosa o derechamente comprar aquella de “sabor original”, que es prácticamente la única bebida que actualmente está endulzada únicamente con azúcar; pues, sí, todas las bebidas “normales”, es decir, no light o diet, también contienen una parte de sucralosa para evitar esa horrible etiqueta negra. Así pasa también con productos como la mantequilla que, dentro de todo, tiene ingredientes bastante más naturales y menos agregados (aditivos) como conservantes o grasas saturadas ya que es, básicamente, crema batida por mucho rato, a diferencia de la margarina o mantequillas “mix”, que añaden un sinnúmero de ingredientes con los que habitualmente no estamos familiarizados.

La pregunta es, entonces, ¿qué ocurre cuando nos guiamos simplemente por la estética del producto que estamos adquiriendo? Bueno pues, básicamente estamos permitiendo que el mercado y sus particulares técnicas para aumentar el consumo se metan en nuestras casas, en nuestros cuerpos, sin siquiera ponerles el desafío de convencernos de que realmente su objetivo es entregarnos un producto saludable, con una cadena de producción justa, en donde nadie haya salido mayormente afectado y que vaya acorde con las necesidades de cuidado medioambiental que, en este contexto, ya debieran ser un imperativo.


Abstract: Behind an absurd controversy over the name of a product, there are questions of consumption and capitalism that must be discussed from a different perspective. In this case, starting with Design, we review what happens with the creation of labels, how this process is closely linked to identity and consumption, and, in the case of food, how the 2012 labeling law seems to lead us to gray areas on consumption because it is worth asking, why does "Negrita" (today "Chokita") have no warning stamps or discs? Is the absence of stamps synonymous with a healthy product?

Palabras clave: consumo, diseño, capitalismo, sociedad de consumo, ley de etiquetado


Notas y referencias (por orden de utilización):

Cortina, Adela (2002) Por una ética del consumo. Taurus.

Sanna, Andrés (2011) Los arquetipos como estrategia de diseño de productos en la industria automotriz del siglo XXI. Escritos en la facultad, 67, (7), 42-44. ISSN-1669-2306

Ministerio de Salud (2017) Manual de etiquetado nutricional de alimentos. MINSAL. https://www.minsal.cl/wp-content/uploads/2018/01/Manual-Etiquetado-Nutricional-Ed.-Minsal-2017v2.pdf

Ley 20606. Diario Oficial de la República de Chile. Santiago, 06 de julio de 2012. Biblioteca del Congreso Nacional. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1041570

Suez, J., Korem, T., Zeevi, D. et al (2014) Artificial sweeteners induce glucose intolerance by altering the gut microbiota. Nature, 514, 181–186. https://doi.org/10.1038/nature13793

Durán A, Samuel, Cordón A, Karla, & Rodríguez N, María del Pilar. (2013). Edulcorantes no nutritivos, riesgos, apetito y ganancia de peso. Revista chilena de nutrición, 40, 3, 309-314. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182013000300014

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