Chile frente a la demanda boliviana

Imprimir

Hace unos días, Bachelet anunció en cadena nacional la decisión de presentar excepciones preliminares a la "demanda" (memoria) presentada por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia. Desde su presentación, en abril del 2013, ya era tema de discusión "entre los expertos" y tan sólo a 8 días de vencer el plazo, se informó públicamente la estrategia adoptada.

Desde hace décadas, Bolivia ha insistido en la necesidad de tener acceso soberano al mar, cuestión sobre la que nos hemos referido ciertamente ("Bolivia y su pretensión marítima" y "Bolivia y su problema"); pero esta vez, la diferencia estriba en el requerimiento boliviano a la Corte Internacional de Justicia.

boliviaAnteriormente, sólo hubo notas de protesta, intervenciones en foros internacionales y otros discursos, pero nada más allá. Sin embargo, y a meses de conocerse el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la disputa de límites marítimos entre Chile y Perú, Bolivia optó por "la judicialización del problema".

A priori, en Chile, distintos sectores y especialmente aquellos avocados al estudio del Derecho Internacional, se concluyó que la demanda boliviana, sarcasmo aparte, no llegaría a buen puerto. Se comenzó a discutir, entonces, la oportunidad para impugnar la competencia de la Corte Internacional, teniendo como sustento el Tratado de Límites suscrito en 1904 que, entre otras cosas, designó al entonces Káiser Alemán como árbitro ante eventuales discrepancias. Años después y sin entrar en detalles, se optó por la Corte Permanente de Arbitraje que, si bien tiene su sede en La Haya, no tiene nada que ver con la Corte Internacional de Justicia.

La posición boliviana resulta curiosa, pues oficialmente han señalado que se presentó la demanda "con el propósito de que Chile abra una negociación formal para que el país retorne al Pacífico" y que la demanda no estaría vinculada con el Tratado de 1904...

Como sea, lo cierto es que Bachelet ya expresó que “Después de un proceso de consulta, donde he escuchado a diferentes actores de nuestro país y cumpliendo mi deber de salvaguardar el interés superior de Chile, he tomado la decisión de objetar la competencia de la Corte Internacional de La Haya, presentando para ello objeciones preliminares a la jurisdicción de dicha corte dentro del plazo previsto para esos efectos, que vence el 15 de julio”. (La Tercera, 08 de julio)

¿Cuál es, pues, el efecto de esto? Depende.

La Corte Internacional podría aceptar a tramitación la discusión sobre competencia, fijándose nuevos plazos para la presentación de escritos y alegatos orales, dilatando el asunto en un año o dos; o, por el contrario, podría seguir adelante con el procedimiento original y fallar todo de una sola vez.

Cualquiera sea el escenario, no deja de evidenciar la falta de una política exterior en nuestro país. Puede sonar obvio y hasta repetitivo, pero no existen políticas de Estado prácticamente en ningún área del quehacer nacional. Educación, salud, previsión social, vivienda, etcétera, son temas que se improvisan y abordan sin ninguna visión de Estado.

Como será de mediocre el actuar en el ámbito de las relaciones exteriores que el Ministerio del ramo elaboró un documento titulado "Chile y la aspiración marítima boliviana. Mito y realidad": 10 páginas que podrían resultar razonables, sino fuera porque su elaboración y temática es tardía y pésimamente enfocada, resultado de una improvisación ante el texto preparado por Bolivia y titulado "El libro del mar" (Ver http://xurl.es/n9l08 y http://xurl.es/pi91e )

Pero no nos sorprende, es "a la chilena": dejando todo a última hora.

En tiempos turbulentos como los que vivimos y que nos permiten prever un futuro sumamente adverso, Chile debe plantearse de una manera distinta, no sólo ante sus vecinos, sino que Iberoamérica toda. Pero, ¿es posible una política exterior revolucionaria?