Ucrania… los espejismos del sediento

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El problema esencial de Ucrania es la definición de una nueva forma de Estado: ello, porque aunque parezca de Ripley, desde 1991 seguía siendo la República Socialista Soviética de Ucrania y, no por ser el último reducto de los fundamentalistas de un marxismo que se retiraba de la escena internacional sin pena ni gloria, sino sencillamente porque la clase dirigente estaba bien hallada en un sistema administrativo corrupto y había devenido en inepta para generar grandes cambios estructurales en el Estado.

kiev2014En Ucrania hubo un modelo que se siguió sosteniendo por sobre una identidad nacional que no era monolítica: en el extenso territorio heredado por decreto no todos son ucranianos y ser una Ucrania para todos, es lo que no pudo o no quiso hacer la clase política desde 1991 hasta el 2014.

Por otra parte, el soporte económico lo entregaron las regiones del este, mayoritariamente rusas y con muchas otras minorías étnicas, las mismas que hoy ven amenazados sus derechos por la xenofobia desatada de los ucranianos pro Unión Europea, desde los moderados a los más extremistas.

Los que quieren la “ucranización” de Ucrania, no quieren a Rusia, y no porque sean "anti-rusos". Ellos miran hacia la Unión Europea, pero no porque sean "ideológicamente occidentales", sino, sencillamente, porque esperan que esta reemplace a la ya agotada economía de las regiones del este del país y, a las cuales ni siquiera les reconocen el hecho de haberlos mantenido mientras consumían sin haber desarrollado el resto del territorio y, así y todo, hoy les prohíben incluso el uso de sus propias lenguas.

Esta “ucranización”  la sienten necesaria los que apuestan por la Unión Europea; es la forma de ofrecer la imagen de un país monolítico que puede ser considerado geopolíticamente un buen aliado, un aliado que para partir necesita treinta y cuatro mil millones de euros. Nadie se atreve, todavía, a decir que la nueva clase dirigente ucraniana es anti rusa porque se está vendiendo a la banca occidental y, que lo más probable, es que como nación tengan el mismo destino que Grecia y España, e incluso Chile… una clase dirigente que goza de los beneficios del poder servil a la plutocracia mundial, un pueblo que paga los intereses a la banca internacional y un territorio que es saqueado por las transnacionales.

La Unión Europea necesita del “granero” que fue y puede ser Ucrania, la OTAN necesita de la Flota del Mar Negro que Ucrania heredó de la ex Unión Soviética, Estados Unidos y Alemania necesitan “costa amiga” frente a Irán en su camino hacia Bakú por el petróleo… el nuevo camino a la vieja Stalingrado pasa de nuevo por Ucrania, sólo que esta vez no estará tranquila: Crimea y las regiones del este irán por el separatismo y, como guinda de la torta, la vecindad con Turquía en la OTAN no será de lo más llevadera porque así ha sido por más de 500 años entre zaporogos y  jenízaros; y en cuanto a la Flota, aún se debe concluir las negociaciones con Rusia, sin considerar, ciertamente, que pasarán bastante frío en los duros inviernos, problema que la Unión Europea no podrá solucionar.

Así está Ucrania, como decimos en Chile: “entre Tongoy y Los Vilos”, es decir, nadie sabe dónde y, lo que es peor, nadie sabe a dónde irán a parar; pero que pagarán caro no haber hecho lo que debieron hacer hace 23 años atrás. Hoy, como ayer, no tienen líderes que puedan generar una nueva forma de Estado nacional comunitario… no tienen ningún Tito y el Mar Negro se teñirá con el rojo que escurra por el Dniéper.-