Günter Grass, o no se le ocurra criticar a Israel

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Lo que hay que decir no sólo es el título del poema que escribió Günter Grass -autor alemán ganador del Premio Nobel de Literatura de 1999- el pasado miércoles 4 de abril; es, además, su última creación antes de ser condenado internacionalmente como antisemita. Pero, ¿por qué? ¿Qué es lo que dice el poema como para ser calificado así?

El poema es el siguiente:

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios

sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.

Resulta evidente que esto es más que un poema. Entre sus versos hay una clara posición frente a la política exterior de Israel. ¿Se es antisemita por criticar la política exterior de Israel? Nosotros consideramos que no, pero buena parte del mundo

político e intelectual internacional así lo considera. ¿Tan errados podemos estar...o son sólo aquellos políticos e intelectuales que tienen cabida -cómoda y bien remunerada- en los medios masivos de comunicación?

Juzgue usted si el texto es antisemita, pero tenga presente que en ninguna parte denosta o injuria al pueblo judío. Por cierto, desde nuestra perspectiva, el pueblo judío -como nación que es- merece tanto respeto como el que tenemos por la nación árabe.

Pero el respetar no implica callar o "abstenerse de opinar" sobre la conducción de las relaciones exteriores que mantenga una nación con ot

ra, más todavía si saltan con evidencia ante nosotros acciones totalmente repudiables. Así, el escritor Günter Grass apunta certeramente sobre hechos concretos:

Recordemos que hace unas semanas Israel "rompió" relaciones con el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU, a propósito de la decisión de este organismo de conformar una comisión de investigación sobre las violaciones a los derechos humanos en los antedichos territorios ocupados. Se argumenta que el CDH no tiene credibilidad alguna, pero expresiones como la del portavoz de Exteriores, Efe Paul Hirschson, dejan mucho que desear: "ha perdido toda la credibilidad en el campo de los derechos humanos y no merece la pena cooperar con una organización poblada de gente como los sirios y los iran

íes que van allí a pontificar sobre el respeto a los derechos humanos en otros países. Está totalmente desconectado de la realidad". (¿No suena "discriminatorio" hacer tales afirmaciones?)

El conflicto árabe-israelí viene de antiguo, con buenos, malos y feos en ambos lados. Irán, digamos, tampoco ha sido lo suficientemente hábil para posicionarse internacionalmente, pues si bien ha facilitado las fiscalizaciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica a sus centros de investigación, negó el acceso al centro militar que más atención acapara.

Ello alimenta "las sospechas" de Israel y le da razones suficientes como para llevar a cabo su ataque preventivo.

Estos hechos -reales y concretos- sirven de sustento a Günter Grass, quien ha sido condenado de antisemita, tal y como predijo en su poema. Así, el escritor Adolfo García Ortega en la edición del diario El País del 5 de abril es, quizás hasta ahora, el máximo exponente (al menos en castellano) del ataque falaz en contra de Günter Grass. Y resulta curioso, porque Grass utiliza el mismo lenguaje progresista que le escucharíamos al Embajador Británico en Chile, Jon Benjamin. Buena parte de su obra con

dena lo hecho por la Alemania Nazi, sin cuestionar siquiera el denominado Holocausto Judío.

Este caso nos recuerda al del filósofo francés Roger Garaudy (comunista expulsado del PC Francés) quien, osadamente, fue más allá y cuestionó el denominado Holocausto (Véase Los mitos fundacionales del Estado de Israel). Tal vez Grass también sea condenado por sus dichos.

¿Miente Günter Grass? ¿Injuria Günter Grass? ¿Ataca al pueblo judío, Günter Grass? No. Sólo nos recuerda que vivimos en una época turbulenta en la cual la verdad se haya enfrentada contra la mentira. Y como diría Da Vinci, quien no condena el mal, ordena que se haga.