¡Arde el “oasis” del libre mercado neoliberal!

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El mundo asiste al fin del tan alabado modelo chileno neoliberal de libre mercado extremo... Un modelo que indudablemente creó riqueza, pero que fue incapaz de distribuirla equitativamente a toda la nación, máxime si fue toda ella la que aportó desde un principio al capitalizar el sistema con sus fondos de pensiones, posibilitando que la oligarquía acrecentara sus riquezas y le cargara las pérdidas a trabajadores. Estamos ante el fracaso de un sistema económico que se basa en el crédito y no en el salario; que arrebató al trabajador la capacidad de ahorrar y de tener la propiedad cierta de su trabajo, amarrándolo a la deuda, manteniendo, a toda costa, bajos sueldos.

La protesta en Chile no tiene las mismas raíces que en el resto de América Latina. Acá el problema no es que “faltase”, el problema es que se ha generado una riqueza que no ha llegado a toda la población, con una concentración salvaje de casi el 70% del Producto Interno Bruto (PIB) en el 10% más rico del país y, dentro del cual, el 1% más rico tiene para sí el beneficio de más del 20% del PIB [1]. El resto de los chilenos, ese 90% de los habitantes tiene que repartirse el 30% que “sobra” de lo que todos producen. En Chile hay mucho, de sobra para todos, pero el beneficio es para unos pocos, sucediendo además que lo que existe, tanto en bienes como servicios, es caro, demasiado caro para el bolsillo de la clase media que se empobrece y, prácticamente inalcanzable para la gran mayoría de los chilenos que vive con poco más del sueldo mínimo.

Lo perverso del sistema es que se “programó” así; es decir, gran abundancia de todo pero con bajos salarios para obligar así al endeudamiento crediticio, sistema en el cual no importa que el “consumidor” estuviese endeudado más allá de su capacidad de pago inmediato o a mediano plazo, dado que siempre estaba la posibilidad de acceder a consumir con el crédito a largo plazo.

deudaEl costo de los servicios básicos como electricidad, agua, gas y transporte suman casi un 45% del salario mínimo y, si a eso se suman los gastos en salud, vivienda, abrigo y alimentación personal básica, las cifras ya entran en porcentaje negativo. Si en la familia con hijos trabaja sólo uno de los padres los costos se disparan y sólo queda el camino del crédito en el retail para alimentación y vestuario y con la banca para la vivienda, el vehículo o el placer de darse algún gusto extra… y por supuesto con intereses usureros. [2]

Mientras la gran mayoría de los chilenos vive esta realidad, la clase política ha hecho caso omiso de tal situación. Ninguno de ellos ha insinuado siquiera cambiar el modelo sistémico de libre mercado extremo, no dando cumplimiento al mandato de los electores que les ha elegido para que busquen soluciones, y esto, porque en la teoría de la democracia neoliberal, el mandatario no tiene responsabilidad vinculante con el mandante. Una vez elegido actúa de acuerdo a su propio criterio e intereses y, así fue como legalizaron el “lobby” y corrompieron el sentido y esencia de la representatividad y el mandato del pueblo… se sentaron en sus sillones sobándose el estómago a esperar “cuánto” ofrecían los lobbystas de las grandes empresas, de los grupos económicos y las trans-nacionales convirtiéndose así en administradores del Estado al servicio de la oligarquía.

El estallido social, que remeció al establishment impuesto por el concordato de la clase política con la oligarquía era previsible y lo anunciamos con mucha antelación; sin embargo, ellos confiaron en la pasividad anti-sistémica que genera el interés individual por sobre el bien común y que ellos mismos se habían encargado de inculcar a través del consumismo… Pero son poco cultos, desprecian las ciencias sociales y estiman que la filosofía es una pérdida de tiempo, así, poco saben del espíritu humano. Tal vez si hubiesen leído a Hegel habrían aprendido algo sobre la autoconciencia que se repele a sí misma para reafirmar su identidad y dignidad, interpelación y proceso en el cual hoy ha entrado gran parte de la sociedad chilena y que, históricamente, es la señal y motor de los grandes cambios de la sociedad toda.

Hoy, toda la clase política rasga vestiduras, pide perdón, se siente humilde y llama a la solidaridad y a trabajar por un nuevo Chile… a la vez que tratan de convencernos que “la culpa es de todos”. Los periodistas de la televisión abierta tratan de asumir un rol crítico y también hacen el mea culpa de tampoco “haberse dado cuenta” de lo grave que era la situación, sin advertir cuánto han contribuído con el sistema idiotizando con banalidades a las personas en un medio de comunicación que debiese contribuir a educar/culturizar.

El Gobierno ofrece cambios y medidas inmediatas, todas las cuales se traducen en monedas, esos mismos dineros que hasta hace una semana no se podían otorgar porque afectaban fuertemente el “normal desarrollo” del proceso económico de la nación, o porque eran malas señales para la inversión extranjera, o porque desmotivaban al empresario chileno y que afectarían el crecimiento e imagen de país competitivo en el mundo o porque……. etc., etc., etc. [3] Por su parte, y de la noche a la mañana, a algunos de los empresarios más ricos del país, con fortunas de decenas de miles de millones de dólares, les ha nacido un espíritu solidario y se ofrecen a dignificar al trabajador chileno con unos pocos billetes más [4]. Todos ellos, políticos y oligarcas cuidando su trasero.

Las medidas ofrecidas son paliativos del momento. Ninguna va al fondo del problema, por lo que dentro de poco la situación se repetirá de igual o peor forma que antes, dado que tales “aportes” en su conjunto, son una insignificancia comparada con lo que genera el verdadero motor de capitales de Chile. Lo que la clase -esto ya definitivamente se ha transformado en una lucha de clases que el mismo sistema asentó- más rica y dueña del 80% del PIB recibirá, está muy por encima de lo ofrecido por el gobierno para que el país vuelva a "la normalidad”. En otras palabras: la diferencia seguirá acrecentándose entre ricos y pobres en forma exponencial.

La clave del funcionamiento del modelo chileno está en que quien aporta el mayor capital para el desarrollo de la economía del país SON LOS FONDOS PREVISIONALES de todos los chilenos, que a Febrero del año 2019 sumaban 212.860 millones de dólares [5] y QUE SON MANEJADOS por la misma oligarquía a través de las Administradoras de Fondos de Pensiones de las cuales son dueños y que han asociado con transnacionales financieras que, en conjunto, invierten dichos fondos en sus propios proyectos, ya sean de carácter económico o financiero (especulativo), incluso arriesgándolos en las finanzas internacionales en gran porcentaje [6]. Los dueños de los fondos, es decir, todos los trabajadores chilenos, no tienen arte ni parte en el uso y destino de sus fondos previsionales debiendo además asumir las pérdidas por sus dineros prestados a la oligarquía para hacer sus negocios y acrecentar su riqueza. (Estos fondos acumulados a diciembre del año 2017, perdieron al término del primer trimestre del 2018, más de 8.000 millones de dólares por las “fluctuaciones” bursátiles del mercado, pérdidas obviamente absorbidas entre todos los cotizantes del sistema. [7])

Si se quiere lograr justicia, el trabajador debe tener la propiedad cierta de sus fondos de capitalización previsional y decidir si entregárselos a la oligarquía por medio de sus administradoras de fondos de pensiones… u orientarlos a un destino diferente que permita la capitalización y desarrollo de quienes generan el 80% de los puestos de trabajo en el país: LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS (PYMES). Para ello debe crearse una entidad administradora distinta a las AFP y controlada por un directorio compuesto por representantes del Estado, las pymes y trabajadores. Esto significa que es necesario crear el BANCO NACIONAL DE LA PREVISIÓN Y EL FOMENTO. Si los liberales en verdad creen en la libertad, entonces deben aceptar que sea el dueño de los fondos quien decida por dónde quiere que sus fondos capitalicen. MIENTRAS LA OLIGARQUÍA TENGA EL MANEJO DE LOS FONDOS DE PENSIONES seguirán incrementando su riqueza sin interesarles el bienestar del pueblo de Chile como ha sido hasta ahora. De allí nacen sus privilegios y poder. Toda otra reforma en el área y sector que sea, no será sino meros subsidios que les permitirán mantener intacto este sistema perverso que nos ha llevado a hipotecar el futuro de generaciones en el crédito y sin posibilidad alguna de ahorro para cambiar su destino.

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