Después de los días de carnaval

Cumplida hace un tiempo aquella centena de días maravillosos que se nos prometían a partir de la entronización de esa Michelle, que con su carisma e inteligencia todo lo puede, la parafernalia vocinglera y resignificativa de los primeros días ha dado paso a la cruda realidad concreta: las intenciones demoledoras se acaban y adviene la hora de los acuerdos extraparlamentarios de siempre -entre almuerzos y tecitos, arreglín que favorece a los mismos-, porque después que el empleado despistado e imprudente anunció la retroexcavadora que no pudo ser, por su inutilidad ha llegado la hora de subastarla y enfrentar los días complejos con “visión de país”.

Nos asiste la confianza de haber declarado oportunamente, con más que meridiana claridad, que el sexto gobierno de la dualidad liberal-socialista traería un aire “nuevo” al desgaste de tanta promesa vana de los años precedentes; dicho refresco con la explotación mediática de los “escolares” rostros de Giorgio, Camila y demases como señal de reencuentro de la clase política con el movimiento social de las demandas insatisfechas no debe confundirnos: la máquina política es la misma y lo seguirá siendo, pues no puede extraviar su esencia so riesgo de exponerse en ambigüedades que haga que los miembros de una comunidad en rebeldía opten por sacarlos -de forma poco digna- de su bien remunerado escenario.

wnamayoriaEn palabras simples: hay un sistema que funciona con todas sus discutibles particularidades, y no queda duda que funciona. Su efectividad probada y limitada se da con esa “armonía” de particularidades. De modo que los ajustes que necesite para aumentar esa efectividad deben concebirse en la misma lógica que lo instituyó, de modo que se repotencie y proyecte al funcionamiento del conjunto para cumplir esa ya vieja promesa de que cuando los de arriba llenen su cáliz el excedente caerá generosamente en nuestras manos -las de los mediano o pobremente provistos- para mejorar nuestra calidad de vida y hacernos felices.

La ilusión de pasar de la supervivencia a una vida digna ha de quedar en eso... una vana ilusión, al menos dentro de las propuestas liberal-socialistas. Muchos lo saben y se desmovilizan prontamente de la tarea revolucionaria ante la envergadura de la misión. Sucede que cuando se desea reemplazar un sistema cualquiera, el recambio debe estar organizado previamente, de forma tal que su puesta en funciones -a pesar de pequeñas fallas de instalación esperables y tolerables- sea lo menos traumático y problemático posible para que, en breve plazo, adquiera la efectividad del precedente aunque su objetivo y sus metas difieran respecto del anterior. Tal mínima preocupación no estuvo en los planes del gobierno entrante y hasta es probable que ni siquiera lo pensaran, porque su papel -en los hechos- siempre ha sido el de dar el discurso de lo que habrá de venir si se derrota definitivamente a la "malvada derecha", cual si la responsabilidad del cambio le correspondiera a esta última.

Cualquiera con un conocimiento mínimo de la teoría de sistema sabe que, ante una situación presumiblemente terminal de un ordenamiento sistémico, o se le reemplaza por completo y de una vez o se le dan pequeños retoques -con la autorización pertinente- que mantengan la funcionalidad operativa del conjunto, porque introducir cambios radicales en un sistema operando con resultados razonables -en niveles macro- conlleva el riesgo de quedarse sin caja para las grandes transformaciones “posibles” que no serán “grandes” y su coartado poder transformador habrá de ser contrastado tardíamente con el beneficio de su dirección. Este es el problema de hoy: las políticas públicas no pueden constituirse a impulsos de encuestas o pareceres mediáticos.

Como era de esperarse, una vez expirado el plazo autoimpuesto por la mandataria para tener en operación su programa de gobierno, la discusión vino a  versar sobre qué tanto porcentaje de las medidas se había cumplido (sic), tema casi irrelevante comparado con la situación y el futuro de la Comunidad Nacional. En efecto, no es un tema menor señalar que de cara a nuestro porvenir la mayor parte de las señales del Ejecutivo y de la Concertación + PC -autoproclamada “Nueva Mayoría”- se manifestaron regresivas en varios aspectos; es decir, de un progreso en reversa. Parece ilógico, pero es real. La mala evaluación de la percepción “ciudadana” de este primer momento hizo que, producto de un análisis del estado del “país real”, el gobierno bacheletista busque -de manera impensada- tomar tempranamente “un segundo aire”, debido a que el primero lo gastaron voceando reformas supuestamente estructurales.

Dado que tal giro de la mandataria no es del gusto de los improvisadores a ultranza, quizá sea prudente recordarles -no por ser aguafiestas- a tales noveles destructores del $istema que, como la experiencia muestra, al demoler un edificio desde el interior se corre el riesgo de quedar sepultado entre los escombros.-

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