Reprobando antes de tiempo

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bachelet may14Durante el segundo semestre del año 2013 estuvimos atentos a la intensa proliferación de análisis y proyecciones de lo más variadas para este año, respecto al “estallido” de los movimientos sociales y, particularmente, el segundo tiempo -al decir de algunos- del movimiento estudiantil. Sin embargo, a medida que nos adentramos en los que va del 2014, todos esos análisis se han transformado en el reforzamiento del mito y el romanticismo en torno al movimiento estudiantil.

El devenir del movimiento estudiantil se ha tornado sumamente predecible, al punto de ser excesivamente inofensivo para cualquier hombre de Estado que propugne el status quo.

Durante el segundo semestre del año 2013, el movimiento estudiantil se enfrentó a una situación similar a la de agosto del año 2011, planteándose el seguir estancado en la misma estrategia, con igual concepción; o bien, si acaso daría un vuelco en su desarrollo, probando una nueva estrategia y superando su forma de comprender la realidad y entenderse a sí mismo. 

Las problemáticas que ha abordado el movimiento estudiantil, hasta ahora, más allá de lo contingente, no han cambiado. El 2012 se difundieron dos propuestas -esfuerzo recopilatorio para marcar una diferencia con el 2011-, siendo aceptada más una que otra desde el gobierno central: y es que claro, los mencheviques del movimiento estudiantil tuvieron mejor llegada con la partitocracia que vio en la propuesta de la CONES una recopilación más digerible que la realizada por la ACES. Pero, a pesar de ello, no hubo respuesta alguna de parte del gobierno y las cosas siguieron tal y como antes.

Este fracaso echó por tierra cualquier esfuerzo propositivo posterior, pues sentó un mal precedente estratégico: se consigue más repitiendo consignas y marchando, que “desgastándose” en elaborar propuestas. O al menos así lo han entendido las nuevas generaciones, que actualmente se enfrentarán (?) al gobierno de Bachelet recurriendo a lugares comunes, consignas de fácil repetición y escaso contenido.

Los estudiantes deben comprender que el trabajo propositivo no se reduce únicamente a la recopilación de consignas, sino que va más allá y comienza desde la necesidad de entender al movimiento estudiantil como parte de un contexto mucho más amplio y trascendente; pasa por la revisión del concepto de educación y conlleva el replanteamiento de un sistema educativo como tal, que supere el frankstein de nuestros días, entre muchísimas otras cosas.

Hubo quienes pretendieron transformar el movimiento estudiantil en un “movimiento ciudadano”: grave error. Y es que quienes no se han sentido conformes con que el movimiento sea “puramente estudiantil”, en un afán de mera apariencia, han cambiado el apellido, yendo erráticamente entre “movimiento social” y “movimiento ciudadano”; excluyendo, pues, ya inconsciente, ingenua o perversamente según el caso, la única diferencia específica que pudo haber dado una salida a su situación de estancamiento: ser un movimiento político.

¿Qué implica que sea un “movimiento social”? Como tal, no lo define del todo: constituye algo demasiado amplio y que, para efectos de comprenderlo, no dice mucho. ¿Es la sociedad en su conjunto quien lleva el movimiento adelante?

En realidad, si no se considera el hecho de la presencia de algunos trabajadores y algunos pobladores  en las marchas -entre otros grupos aislados-, nos daremos cuenta que siguen siendo estudiantes. Les ha costado a muchos entender que, por ejemplo, las marchas no constituyen por sí “un movimiento”, sino que son, simplemente, una manifestación de aquel.

Hay todo un entramado que se desarrolla detrás de una marcha: discusiones, decisiones, estrategias, etc. Mientras no dejen de ser sólo algunos trabajadores y/o algunos pobladores que participansólo en la marcha, sino que sean los trabajadores y pobladores quienes participen en el movimiento a cabalidad, y no sólo en un tipo de manifestación, éste movimiento no puede ser calificado como “movimiento social”. No debemos olvidar que el hecho de estar de acuerdo con determinada postura no constituye el ser partícipe de lo que implica la postura.

Ni hablar de considerarlo como un “movimiento ciudadano”: expresión carente de contenido, un concepto manipulado hasta el extremo, que abunda en discursos de unos y otros, hasta entre los más intransigentes enemigos.

Al denominarlo de esta manera, algunos pretenden que es aceptado por todos que los fines del movimiento estudiantil, en general, se enmarcan en un “asunto republicano”, en donde quienes lo componen anhelan, en forma de “ciudadanos”, hacer cambios en las políticas del Estado.

Pero, hasta ahora, quienes comprenden al movimiento estudiantil como “movimiento ciudadano” no han tenido ni las razones, ni aún la capacidad, para demostrar que esto sea así. En el mejor de los casos, y en sentido estricto, apenas los universitarios podrían hacer uso de sus “derechos ciudadanos”, dejando fuera del juego a la mayoría de los estudiantes de enseñanza básica y secundaria, quienes conforman el grueso del mismo movimiento.

Lamentablemente, quienes llevan “la voz cantante” han optado por seguir la lógica del movimiento social/movimiento ciudadano, repitiendo el mismo error de años pasados.

Por supuesto, también hubo quienes supieron aprovechar el potencial que significa estudiantes movilizados: tal fue el caso de Izquierda Autónoma, Revolución Democrática y las Juventudes Comunistas.

Ya tendrán que rendir cuenta, especialmente los comunistas por su acérrima defensa del “programa” de Michelle Bachelet. Y es que quedaron demasiado comprometidos e hicieron una apuesta arriesgada.

No dudamos en que varios jotosos deben estar al borde de la desesperación ante los anuncios de movilizaciones masivas en contra del gobierno (Bien, tal vez no este año, pero ya veremos…) y los errores y desaciertos en los primeros días de gobierno poco ayudan a “la paz social”. Por favor, no olvidemos que este no es un gobierno nuevo, por lo que malamente podría alegarse inexperiencia o falta de preparación.

También tenemos certeza que las Juventudes Comunistas jugarán a “dos bandos”: los que están obligados a defender el gobierno, como partes de la Concertación; y los que se mostrarán ante el resto de sus pares como “oposición revolucionaria” o “disidencia”. Así han querido hacer creer Felipe Caroca y compañía y otros dirigentes estudiantiles de enseñanza media que actualmente buscan a toda prisa levantar una federación metropolitana, controlada por ellos desde luego.

Mención aparte nos merece Revolución Democrática y sus dilemas, pues sus acciones, más allá de lo farandulero y lo que sus miembros transmiten cotidianamente a través de las redes sociales, han marcado un camino poco afortunado. Desde su paso por la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile hasta el descarado obrar en la Municipalidad de Providencia, nos han dejado más que claro que no son más que el grupo que le dará un poco de oxigeno a la partitocracia y el régimen político imperante.

Y es que las fichas que han jugado en dicho Municipio dejan mucho que desear: la intervención en las comunidades educativas es vergonzosa, y qué decir del funesto paso de Javier Jiménez por la Dirección de Educación de la Corporación de Desarrollo Social de Providencia: por favor, recuerden preguntarle qué hizo con el presupuesto de educación durante el año 2013. Perdón, corrijo: durante los tres primeros trimestres, pues gastó hasta el último peso de todo el año en el mes de septiembre del año recién pasado.

Sin embargo, y debido al lobby de Revolución Democrática, en vez de ser despedido deshonrosamente, fue, en la práctica, “ascendido”, ostentando actualmente la función de “asesor municipal en educación” y percibiendo una remuneración superior a la que tuvo como Director de Educación.

Así y todo, estos “paladines de la justicia”, a través de sus esbirros, han impuesto su estrategia y ya han advertido al resto de los estudiantes que las principales federaciones -controladas por estos verdaderos socialdemócratas- estarán expectantes a los primeros cien días del gobierno de Bachelet. La oferta fue demasiado buena como para creerla, ¿será ingenuidad o un “repliegue estratégico” para fortalecer la propia propuesta? La verdad no: es sólo parte del juego, a pesar de la preocupación de elementos del gobierno que tienen claro que será muy difícil cumplir con “las expectativas”.

El trabajo recopilatorio o cuasi historiográfico de algunos no ha sido suficiente (V.g.: Juventud Guevarista o Plataforma Colectiva) y los estudiantes han insistido en cometer los mismos errores del pasado, tirando al tacho de la basura la experiencia acumulada a lo largo ya de, prácticamente, nueve años “de movilización” si consideramos El Mochilazo del 2005 como un antecedente de la actual estrategia enquistada. Ya lo expresaba así María Huerta en junio del 2013 en una entrevista a la Radio de la U. de Chile: “No se puede tachar el movimiento de 2013, 2011 o 2006, porque hay que recordar que en los años 86, 72, 60 y 50, también hubo movimientos estudiantiles potentes, y si analizamos los petitorios de esos años, son extraña y horriblemente parecidos a los de hoy en día. Eso habla de que hemos estado más de 70 años en la misma dinámica y es terrible. Creo que no hay movimiento que aguante mantener un petitorio por tantos años y que sea, en el fondo, el mismo”.

El movimiento estudiantil debe asumirse y constituirse como movimiento político: es la única forma de comprender que su lucha es una lucha por el poder. Toda acción política debe realizarse en pos del ejercicio del poder, en los distintos contextos que ocupa el movimiento; en aprehender con claridad que la solución a buena parte de los problemas estriba en el ejercicio del poder: no por marchas ni tomas, que son simples demostraciones de una fuerza que jamás pasa de su potencialidad, pura consigna vacía y reciclable.

Cualquier proyección -seria- del movimiento estudiantil, implica la confrontación con la realidad: el gobierno de Bachelet y su escuálida “propuesta educativa” traerá más problemas que soluciones; con medidas que aún hoy se pronostican como dañinas para la educación. Y no es descabellado pensar que estas transformaciones serán negativas si ya alguien de su sector, como lo es la alcaldesa de Providencia, Josefa Errázuriz, ha impulsado medidas en los liceos municipales que, de concretarse antes del término de su periodo alcaldicio, constituirán el fin de una tradición que muchos de los miembros de la comunidad educativa niegan aceptar de esta forma. Los mismos pasos sigue la alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá.

El movimiento estudiantil, pues, deberá asumir de una vez por todas la confrontación con la realidad y consigo mismo, superando el error de agosto del año 2011 y las últimas semanas, a fin de superar el estancamiento en el que se encuentra, colorido y adornado por celebraciones idiotas, para desplegar su potencia en acto, en un ejercicio de poder, de ese que trasciende y que no precisa de lo ridículo que resulta ser mendigar soluciones que penden de la buena voluntad de quienes, precisamente, se han visto beneficiados por este sistema y no tienen el mínimo interés en dejar de percibir las ganancias.-