Festinando con la primera vuelta

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bilzypapAnte todo, dejemos claro que el protagonista de las últimas elecciones fue la ABSTENCIÓN, de prácticamente la mitad del padrón. A estas alturas resulta inútil y hasta rídiculo intentar distinguir entre quienes no fueron a votar por indecisión, rechazo al sistema o pereza, generalmente para emitir condenas sobre unos y otros, porque en todas esas hipótesis se presenta un factor común: los partidos y sus líderes no han sido capaces de movilizar a millones de personas para sostener la credibilidad del régimen.

Y todo, a pesar de las campañas millonarias y de todas las falacias que se dejan a caer a diario sobre ellos, desde el “vota por el menos malo que sea” y “si no votas no tienes derecho a quejarte”.

Nos aventuramos a especular que en la segunda vuelta (no diga “ballotage”, no sea siútico por favor) jugará en contra de toda la clase política la diferencia entre los votantes de los candidatos chicos que se restarán del evento y los votantes perezosos de los bloques mayoritarios que correrán como si se jugaran la vida en ello.

Y ahora que hablamos de los electores de Bachelet o Matthei, no nos extrañe que en los próximos días (de hecho ya está sonando hace un tiempo) se extiendan dos tipos de discurso movilizador. Del lado opositor viene el mesianismo delirante emanado de los “progres” de la Concertación (la seguiremos llamando así) que anuncia el reino de la justicia,  la diversidad y, sobre todo, la gratuidad de la noche a la mañana, pretendiendo un olvido generalizado sobre la devastación del Estado chileno efectuada por los Lagos, Girardi y toda esa Mafia de Estado. Del otro lado ya se oye -sobre todo en el “talibanismo” UDI- un discurso catastrófico y más delirante que apela por enésima vez al anticomunismo -como si nada hubiesen leído sobre la evolución de los comunismos parlamentarios en Europa- y al antichavismo -como si en Chile existiera algo minimamente parecido a Chavez o Correa.

Una cosa es clara: Matthei ya no contará con los sofisticados derechistas que, cansados de la bizarra experiencia piñerista comprendieron la frase de Jaime Guzmán “es mejor influir que gobernar”, y que no votarán y menos aún harán campaña. Tendrá que recurrir al momiaje más impresentable, a los “don Genaro” de baja calaña para quienes siempre habrá que salvar la Patria de la amenaza marxista.  ¿Acaso creen los muy tontos que Luksic apoyaría a un gobierno “socialista y marxista”?

Cabe preguntarse si los conductores políticos de ambos sectores creen realmente en sus contradictorias predicciones del futuro de Chile o es solamente un producto de consumo masivo destinado a su voto duro/cautivo, ese verdadero ejército de ingenuos que se traga una y otra vez las frases hechas para cada campaña. Pensamos que esta es la segunda opción, que la clase partidista no valora tanto sus aparentemente opuestas ideologías -si es que son sinceras- como su interés común en la defensa del régimen liberal, contra el cual no se ha levantado hasta ahora ninguna propuesta alternativa seria y cuya subsistencia es la que asegura la subsistencia de sus privilegios. Todo lo demás es espectáculo.

Sobre lo anterior es necesario destacar un punto que no ha sido obviado en los medios: la muy temida o alabada propuesta constitucional de Bachelet no es tal. El tan esperado programa de gobierno se limita a enunciar lugares comunes y se explaya en la extensión de libertades en temas de género y semejantes, así como en una supuesta garantía de amplios derechos sociales, suponiendo que el solo hecho de plasmar derechos en un texto asegura su vigencia por el Estado.

En cuanto a la generación del poder y el control de la comunidad sobre sus “representantes” practicamente nada, ni siquiera un cambio en las relaciones Presidente-Congreso en clave parlamentaria o semipresidencial. Por todo ello, la histeria generada por un cambio constitucional o Asamblea Constituyente es absurda, si es que no es un montaje. Que más claro queda con el penoso 8% de adhesión que habría tenido la campaña #marcatuvoto... según lo que dicen sus organizadores, lo que hace presumir un porcentaje real menor.

En cuanto al bloque de partidos propiamente, nos interesa contrastar el aumento de dotación parlamentaria PC con dirigentes jóvenes y el ingreso de diputados de los “nuevos referentes” como es el caso de Giorgio Jackson (RD) y Felipe Kast (Evópoli) con el declive de partidos antaño populares como la DC y la UDI, a lo que debe añadirse, fuera de las elecciones, la emergencia de la "Fuerza Pública" de Velasco como “movimiento transversal”.

¿Que tienen de común todo lo mencionado? Que se advierte una decadencia crónica del esquema de partidos dominantes que es necesario arreglar de cualquier modo, y la solución hallada parece la gestación de nuevas organizaciones o la revitalización de un cadáver como el PC con caras jóvenes, pero ninguna de estas organizaciones va a luchar en serio -más allá de la retórica- por realizar un proyecto político contrario al liberalismo. Al revés, el lenguaje permanente seguirá siendo el de la “democratización”, “mejorar las prácticas”, “construcción de ciudadanía”, y otras frases vacías.

Por el lado opuesto, la opinología nacional especuló hasta el cansancio con “la muerte de la derecha” (o lo que algunos entienden por derecha), y que ello sería el momento clave previo al “derrumbe del modelo”. Los columnistas de moda parecen no comprender que lo esencial de todo esquema de derecha-izquierda no es otra cosa que la apariencia de enemistad política sobre cuestiones más o menos relevantes, pero siempre sobre la base de la defensa común y a toda costa del régimen político que les permite vivir como casta y asimilarse en lo posible a la plutocracia, es cosa de ver las páginas sociales, por lo que sus elementos integrantes pueden variar, en la medida que hagan creíble la farsa. Por ello, no representa problema mayor la ida a la baja del gremialismo dogmático y cerrado, pues ya se están alistando sus reemplazos a largo plazo, sea en nuevos experimentos de “derecha liberal” (Evópoli) o de socialcristianismo conservador (IdeaPais).

¿Y que decir del resto de las candidaturas presidenciales? Se comprueba lo que dijimos hace un par de meses en nuestra proyección: “empresas electorales temporales sin futuro” que “no pueden servir más que al testimonialismo ideológico, a la egolatría o los negociados de sus protagonistas”, a tal punto que serán olvidados en pocos días, como no sea para la burla. En realidad nos quedamos cortos, pues los espectáculos dados especialmente por Franco Parisi y Tomás Jocelyn-Holt superaron las más pueriles peleas discotequeras de crónica policial.

Además, nuevamente se confirma la necesidad para todo proyecto político de largo plazo de contar con bases estables y organizadas en el ámbito local y funcional (juntas de vecinos, comités de vivienda, centros de padres), cuestión en que los partidos tradicionales todavía son superiores a los movimientos estudiantiles -enmarañados en el fetichismo de la marcha- y a los “nuevos referentes” -convencidos de que el pueblo come en La Piojera o el Bar The Clinic-.

Esto es lo que tenemos enfrente, aparte del hecho evidente que Bachelet será la Presidente, con los mismos de siempre. Una clase política en aprietos como nunca antes desde 1990, pero que aún cuenta con recursos suficientes para resistir el embate de la comunidad nacional; en gran parte porque ese embate aún es incipiente y desorganizado. No veremos aún el derrumbe ridículamente temido por unos e irresponsablemente profetizado por otros. 

El llamado a no votar es un paso pequeño, pero necesario para ir minando la supuesta legitimidad que poseen quienes dicen representarnos, y debemos estar atentos a los llamados que desde diversas tribunas se hace para volver al voto obligatorio, pues allí la campaña de abstención tendrá escasa resonancia, y otras formas de acción serán necesarias.-