¿Vendidos o Hijos Pródigos? Sobre la Izquierda como sentimentalismo

Imprimir

Sinceramente, se necesitan altísimos grados de ingenuidad para sorprenderse por el espectáculo dado por los dirigentes de la Juventud Comunista Vallejo, Cariola y Ballesteros convertidos en candidatos concertacionistas de pleno derecho y, por ende, comprometidos en la defensa esencial de la democracia liberal, digan lo que digan en sus discursos a la base. Tan penoso y evidente es dicho espectáculo que tal vez ha servido de freno para que Jackson y otros se hayan subido con la misma prisa al carro de Bachelet, no sea cosa que la leyenda creada alrededor de estos personajes termine diluyéndose y el proceso de “renovación generacional”se vaya al carajo antes de realizarse.

Muchas razones pueden explicar este sometimiento tan repentino, como puede ser el oportunismo, el ego o los cálculos de la cúpula PC. Sin embargo, aquí pretendemos formular una tesis que va más allá de la acusación algo trillada de “vendidos” y profundice en un fenómeno que afecta, en general, a cierto sector político en chile independientemente de la edad de sus miembros y sus motivaciones personales.

Afirmamos, pues, que lo actualmente conocido como “izquierda chilena” es un conjunto de grupos y personas ligados no tanto por un proyecto político mas o menos centrado en ideas fundamentales como por un conjunto de mitos y emociones a cuya perpetuación ritual en toda la sociedad chilena, debe subordinarse toda su acción política

Como resultara fácil imaginar, todo en la mitología de izquierda gira en torno del eje Allende-Pinochet como encarnaciones del bien y del mal, respectivamente, alrededor del cual se adhieren representaciones idealizadas sobre la Unidad Popular, la oposición a la dictadura y algunos aspectos de la llamada transición, incluyendo también a diversas formas estéticas ligadas al mundo cultural y artístico; imágenes todas ellas que determinan no sólo la interpretación del pasado reciente, sino incluso el análisis de la realidad presente y los proyectos políticos a largo plazo.

No entraremos en detalle, pues las conocemos hasta la saciedad. Todos los individuos y colectivos que se han formado políticamente dentro de ese esquema comparten tales lugares comunes, con independencia de sus diferencias ideológicas -cuando existen- y superando incluso las disputas de tipo personal o por cuotas de poder.

Se podrá objetar que ello no representa una particularidad, pues dentro de la derecha opera el mismo esquema, sólo que invirtiendo los papeles; pero, no se tiene en cuenta que el mencionado sector ha primado el pragmatismo ante los cambios de mentalidad de la masa y la defensa de los intereses por sobre las lealtades emotivas a la memorabilia pinochetista o guzmaniana -salvo excepciones cada vez más curiosas y delirantes. En la cultura de izquierda parece ocurrir lo contrario: mientras más se cierra el cerco sobre ellos por obra de los elementos liberales a lo Velasco, más se aferran a la mitología del canto nuevo y el NO para mantener la unidad entre los jefes y su masa subordinada, como si de un neoprén se tratara. La fijación casi obsesiva con la “recuperación de la memoria” tiene muy poco de la “odiosidad marxista” que describen algunos plumífieros udi y mucho de necesidad política.

Y como se trata de manejar la memoria, imágenes, es un terreno en que gana quien tenga los mayores recursos y talentos para ello. Es un gallito en que sólo puede ganar la oligarquía concertacionista -mecenas colectivo de esa verdadera industria cultural de Estado formada por cierta prensa supuestamente alternativa (¿les suena Cambio21?); el red set, cuyos exponentes más voraces llevan décadas ligados a dicha oligarquía por convicción o negocios-, movilizando en cada enfrentamiento político todos sus recursos materiales y humanos en una aparente lucha no concluida contra un dictador muerto, militares reducidos a “fuerza de paz” y una “elite” de la cual ellos mismos siempre han formado parte. Resulta difícil imaginar que los lideres realizan análisis de la realidad o batallan todos los días con enemigos ficticios, por lo que no podemos sino concluir que han sido unos expertos de la manipulación de masas, pues dicho esquema, a pesar de los años, sigue vigente.

Esta comprobación cruda de los manejos del poder le resulta imposible y tal vez inaceptable para el PC, la llamada izquierda extraparlamentaria y los famosos “nuevos referentes”, pues ello implicaría no sólo un reconocimiento del rol instrumental y servil que han cumplido desde 1990 (y quizás antes) hasta la fecha, sino también un reconocimiento de su inmadurez política crónica y su incapacidad para estudiar la realidad más allá de sus trancas emocionales; ya que las trancas ideológicas supondrían un mínimo ejercicio de la inteligencia que aquí se echa de menos.

Incluso, si se ve a sujetos como Giorgio Jackson y otros que no vienen de la maquinaria partidaria oficial, por lo que se podría esperar de ellos una mayor independencia de criterio, todos ellos tienen como referente básico a la Concertación -aunque se reduzca a aquella “heroica” Concertación de los inicios, en cuanto prolongación de la Alianza Democrática de los 80 y pálido recuerdo de la Unidad Popular- y se posicionan siempre así respecto a ella, aunque sea como hijos rebeldes , pero deseosos de ser vistos y reconocidos por un padre que los ignora. Con el tiempo la pataleta les dura un rato y piden ser readmiitidos en el rebaño común. Por ello decimos que son "Hijos Pródigos".

Nos dirán: basta, ustedes no tienen derecho a frenar la memoria popular, los sueños, que pretendemos ningunear la lucha contra la dictadura, etc., etc..Error. No nos compete molestar a los muchos chilenos que consideran justo reivindicar y difundir una determinada estética política que estiman legítima por las razones que sea. Lo que si les decimos es que esa estética no puede servir como elemento movilizador para un cambio revolucionario en Chile, que esa misma estética es aprovechada por algunos más astutos y adinerados para generar válvulas de escape y preservar las esencias del régimen que dicen combatir, que esa misma estética se convertido en otro segmento del país de servicios que es Chile.

Del pasado se puede aprender y sus protagonistas merecerán el respeto que se hayan ganado, pero si se pretende tirar abajo el orden político vigente se debe perder toda adhesión irracional a ese pasado si ello te impide tener la sangre fría para hacer el futuro.

¿Y que pasa con los sueños, nos preguntará otro iiluso? Que Córtazar la responda: “La revolución no es un juego. Cese de reir. NO SUEÑE. Sobre todo NO SUEÑE. Soñar no conduce a nada, sólo la reflexión y la seriedad  confieren la ponderación necesaria para las acciones duraderas”.