Votar o no votar: superando dogmas.

En nuestros días se ha desarrollado una contradicción dentro de la democracia liberal, dentro de su comprensión y su significado, la que por cierto, ha tenido terreno de batalla dentro y entre las organizaciones de estudiantes secundarios. Es así como la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) llama a no votar a través de la campaña #YoNoPrestoElVoto, mientras que, posterior a este llamado y de forma total y completamente reaccionaria la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CoNES) llama a votar a través de la campaña #YoLuchoParticipoyDecido.

yonoprestoelvotoEs necesario, para analizar las campañas, dar un vistazo al contenido político que enarbolan ambas, a la vez que debemos tener en consideración la pregunta primera que debemos formularnos a la hora de analizar este asunto.

¿Qué relevancia tiene el voto en nuestro actual sistema?

Atendiendo a la pregunta formulada, comencemos.

En el Chile contemporáneo los movimientos políticos que se han alzado desde los estudiantes, pueblos indígenas, deudores habitacionales y otros, han provocado que el concepto de democratización sea pan de cada día en las discusiones políticas, así tanto los partidos políticos de gobierno y oposición han abusado sin cansancio de aquel concepto, mas lo han tratado -respondiendo a su esencia de cuidar los intereses de la plutocracia- única y exclusivamente en la medida en que esta democratización no afecte sus intereses, es decir, que la democratización no alcance niveles de democracia participativa que permitan combatir a sus intereses.

En la necesidad de democratizar los espacios todos concuerdan; sin embargo, en las vías para llegar a esa meta es donde se han enfrentado. Hoy los sectores oficiales de la política partidista chilena, una vez más nos han presentado la alternativa del voto como posibilidad de cambiar aquello que nos disgusta. Moros y cristianos de la política lo han aceptado, aunque de su rivalidad dudaría, si es que a nuestras espaldas se acarician las suyas propias, pues tanto la Concertación (PC incluido) como la Alianza por Chile han hecho el llamado a votar, y es que claro, sea quien sea electo, los intereses plutócratas no serán puestos en riesgos.

¿Supone acaso alguna amenaza para ellos un cambio que está contenido en sus reglas y en su sistema? Evidentemente no. Es tan irrelevante quien sea electo, que lo que importa fundamentalmente es que alguien sea electo, pues después de las elecciones los pactos son revisados y la torta es repartida.

De hecho, debemos recordar que en más de una discusión entre los partidos políticos se discutía sobre la democratización, y militantes de la UDI fueron tajantes en decir que no consideraban necesario crear más vías de democratización; debemos reconocer la sinceridad, pues fueron más honestos que los cínicos de los demás partidos, que pretenden dejarnos felices diciendo que apoyan la democratización, cuando lo que hacen son sólo cambios que no tocan ni por cerca la esencia del sistema de democracia de partidos.

Cada cuatro años votamos, cada cuatro años votamos en elecciones municipales, al año siguiente por presidenciales y parlamentarias; sin embargo ¿hemos visto un cambio sustancial de nuestras condiciones de vida? ¿Los elegidos han representado al electorado o a sus partidos políticos?

Es sencillo resolver ambas preguntas: la primera nos conduce a un rotundo no, pues a pesar que vemos que nuestro PIB y nuestro ingreso per cápita han aumentado, la distribución de la riqueza nos sigue manteniendo en una desigualdad inmensa; aun cuando los ingresos de Chile han crecido de forma impresionante, los sueldos no lo han hecho; nuestras condiciones de vida, en términos sustanciales, no han sido modificadas. La segunda pregunta se puede resolver solamente observando en la realidad cómo se desarrollan las discusiones políticas, por ejemplo, entre parlamentarios, donde sus declaraciones son en nombre de su Partido, de lo que su Partido piensa y lo que acuerdan, y los ataques van contra otros Partidos o bien otro sector.

Los discursos no son en nombre del electorado ni lo que éste quiere, ha acordado o decidido, ni mucho menos contra las condiciones del sistema que deben ser modificados para satisfacer las necesidades y deseos de su electorado.

¿Qué ocurriría si, por ejemplo los parlamentarios llamaran a plebiscitos vinculantes antes de votar leyes de fundamental importancia para nuestra Nación? Leyes tales como gratuidad en la educación, nacionalización de los recursos estratégicos como el cobre o el litio, y así un largo etc. ¿Qué tendrían que votar obligatoriamente en el parlamento? Claro está, lo que el electorado desea, sin embargo, esto no ocurre, pues significa poner en manos del pueblo organizado las decisiones como nación, y no en manos de la plutocracia, que es ciertamente lo que la alta política defiende.

¿Qué ocurriría si fueran los alcaldes quienes decidieran las leyes en nuestro país? Son los únicos que pueden convocar a plebiscito, aunque éste no sea vinculante, son la autoridad más próxima a la comunidad y son a quienes se recurre frente a las necesidades más cercanas; por lo tanto, podría tener más cabida la idea anterior, donde las leyes trascendentales para la nación toda fueran tomadas por ésta misma. Sin embargo, una vez más, esto no ocurre.

Nuestro voto ha tenido una única relevancia y una única utilidad, y ésta no ha sido favorable a la nación, sino a la plutocracia, y es que se escudan en haber sido electos cada vez que son puestos en jaque; da la impresión que el hecho de haberles votado, les otorga poder absoluto para tomar decisiones.

El voto no significa asumir que nos representará, sino más bien asumir que obrará sobre nosotros, imponiendo y ejerciendo políticas, tal como si asumieran que hemos delegado nuestra capacidad de acción en ellos, como si acaso fuéramos incapaces.

El desfile de esbirros de los partidos políticos por las comunas ha sido basto, algunos alcaldes han permanecido mucho tiempo en una comuna, y ha sido así pues, lamentablemente, los habitantes de dichas comunas consideran que ha hecho una "buena" gestión, aunque obviamente debemos concederle el punto al correcto trabajo de propaganda y de mantención y cuidado del poder de la "alta política".

Hoy el voto no significa y no representa, por ejemplo, que el mandato sobre nuestros representantes sea imperativo. Lo imperativo sobre ellos es la decisión del Partido y no la decisiones de su comunidad; sus cargos son, en la práctica, irrevocables, pues si se le diera la oportunidad al electorado de destituir a las autoridades cuando el electorado mismo considera que su gestión no corresponde a sus necesidades, muchas autoridades habrían caído ya, y para qué decir, que la acción directa es sustituida por el asistencialismo. Nuestra participación en los municipios no es otra sino recibir beneficios, pues para decidir el quehacer sobre la comuna, están ellos, por quienes votamos, sea el alcalde mismo o los concejales.

La utilidad de nuestro voto ha sido nula, y ha tendido a legitimar lo que hacen y deshacen en la gestión del Estado; nuestro voto no nos vincula a la política, sino que más bien nos desvincula, entregando nuestra capacidad de acción en individuos a los cuales luego hay que presionar para que piensen, siquiera en conceder nuestras necesidades, y ciertamente en la mayoría de las ocasiones no se ha conseguido nada o muy poco con dichas presiones.

Hechas estas consideraciones, debemos comprender la campaña #YoNoPrestoElVoto.

Hoy las izquierdas llaman a votar siguiendo las políticas reaccionarias clásicas de su desarrollo en el último periodo. El argumento más utilizado es apelar a que el no votar significa dar favor a la derecha; es decir, el argumento enarbolado no versa sobre sus cualidades propias, sino más bien en lo indeseable de los actos de la derecha chilena, y más cínico aún, apelan al olvido de la nación sobre lo indeseable que también fueron las políticas que ellos mismos alzaron.

Es fácil recordar cómo durante los gobiernos de la Concertación los movimientos políticos también se alzaron; en efecto, podemos decir, que dichos movimientos políticos se construyeron y se comenzaron a gestar dentro de este periodo. Las organizaciones estudiantiles que se movilizaron durante el año 2011, a pesar de ser organizaciones “relativamente nuevas” -pues ACES tenía precedencia-, la experiencia organizativa no era desconocida para los estudiantes, puesto que éstos también se tuvieron que movilizar durante los gobiernos de esa coalición, no obteniendo mucho mejores resultados que con el actual gobierno; los cambios fueron eso: cambios, más no transformaciones de cómo se concebía la educación ni versaron sobre la raíz del problema educativo. Por todo ello, no fueron transformaciones sustanciales.

Llaman a votar por ellos, una vez más prometiendo la alegría, la misma que prometieran para el plebiscito y el triunfo del NO; sin embargo, esta vez no les ha sido tan sencillo, pues su argumento repetido y sustentado en negaciones a la derecha más que en afirmaciones a la izquierda, sencillamente no convence.

#YoLuchoParticipoYDecido nos pone la pregunta: ¿Qué decidimos? Bien podemos recordarle a las izquierdas una máxima de Lenin: “La democracia es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia el tirano” y bien acierta, incluso en el periodo. La decisión a la que se refieren, es quién va a utilizar un cargo, y con ello se refieren a ejercer el poder comunitario de decisión, sin embargo, también sería correcto recordarles que “Vive Le Commune” no es lo mismo que “Viva la Municipalidad”. El poder local, en su entendimiento, lo ponen a nivel de la Municipalidad, de esa institución tan sofocada por el Estado y tan impotente, en lugar de poner el poder local en la comuna y, consecuencialmente, en la nación.

¿Qué propone el votar? Propone elegir una opción, la cual es calificada como “nuestra”, para que así sea defendida como corresponde. Propone que nuestra participación será decisiva y fundamental en estas votaciones; propone que significa hacernos actores de la política nacional como ciudadanos.

Sin embargo, debemos concluir, que votar más  allá de lo que se propone, es legitimar una forma de hacer política que no ha sido nada fructífera para la comunidad nacional; significa elegir, en efecto, a quienes nos representarán, pero eso no significa que representará lo que pensamos y lo que deseamos.

Cuando los candidatos se presentan, lo hacen con un programa, cuando actúan no lo hacen del todo en razón del programa, sino mayoritariamente en razón de las necesidades de su respectivo Partido y en última instancia, la plutocracia. Las promesas que con un cambio de nombres cambiará la estructura es una promesa más vieja que el hilo negro y, ciertamente, más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Debemos conceder el punto en que la participación joven es desequilibrante, pero así también deben reconocer que desequilibra dentro de parámetros considerados y nada nocivos para el sistema; desequilibra en la repartición de poder, no en la ejecución del poder, el cual no debe ser concebido como un puesto, sino como un ejercicio que le corresponde a las comunidades organizadas.

Por todo lo anteriormente expuesto, como nacionalsindicalistas revolucionarios consideramos que no votar es la opción lógica en el contexto de lucha por el poder, por la ruptura de los esquemas impuestos por los plutócratas a través de sus títeres, los partidos políticos de izquierdas y derechas.

No votar es un acto de consecuencia con el ser revolucionario, eminentemente propio de la juventud; la misma que busca nuevas formas de organizarse, nuevas formas de tomar decisiones sin recurrir a intermediarios parasitarios ni caer en las trampas del “juego democrático”.

No votar, por último, es la mejor manera de deslegitimar un sistema cada vez más podrido para permitir, así, que las comunidades básicas se organicen y, juntas, forjen el Estado de Comunidad Nacional, superando los dogmas y mitos de la democracia liberal.-

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