¿Educación de calidad en la Constitución?

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Estoy realmente fascinado con la propuesta del gobierno de elevar a rango constitucional eso de “Educación de calidad”...  me imagino que el Estado pasará a ser responsable si a algún joven le va mal en la PSU.  El alumno podrá quizá demandar al Estado y el Poder Judicial deberá ordenar su ingreso a la carrera que él deseaba de niño estudiar... Nadie define lo que es educación, nadie habla de enseñanza y aprendizaje, nadie habla de mayores exigencias para mejorar el deplorable nivel de nuestros educandos... pareciera que la mejor calidad estuviese referida a una mejor hotelería de los establecimientos educacionales y que la enseñanza superior también fuese totalmente gratuita, con menores exigencias para su ingreso y sistemas curriculares que aseguren el derecho a tener un título.

Organismos internacionales especializados en educación, han establecido que los estudiantes chilenos tienen una comprensión deficitaria...  términos eufemísticos de buena crianza para no decirnos que, en su gran mayoría, no entienden lo que leen (cuando llegan a leer) ni lo que les enseñan en la sala de clases (cuando llegan a prestar atención).

De las capacidades nadie habla, es como el tema tabú o “anti democrático”...  la consigna (siempre las consignas y poco o nada de argumentos reales): “Todos a la universidad... “, algo así como que la universidad debe ser la simple continuación de la enseñanza media, como cruzar la calle y tomar la otra micro.  

Si fuésemos verdaderamente honestos, realistas y concretos, habríamos de reconocer que por lo menos a la mitad de los que hoy están en la “enseñanza superior”...  la sociedad debiera haberles pasado una pala al salir de cuarto medio.  Pero no, todos siguen en la gran farsa de la educación chilena, unos por ganar más dinero, otros por soñar que sus hijos podrían ser algo más sin importar si se la pueden o no, otros por no reconocer sus propias limitaciones y, otros por seguir haraganeando a costa del endeudamiento de los padres.

Una verdadera REVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN implicará mayores exigencias para el Estado, para los padres, madres y apoderados, profesores...  y PRINCIPALMENTE PARA LOS ESTUDIANTES.  Solamente así se terminará la gran farra de la educación chilena...  los profesores a prepararse para bien enseñar y los alumnos a prepararse para bien estudiar, el Estado asegurará medios y recursos, pero nada es gratis en la vida y menos si existe la responsabilidad social de educar a las generaciones futuras.  

Una verdadera revolución debiera mandar al flojo a cavar zanjas y premiar al responsable, responsable con su persona, su sociedad y su nación...  que los haraganes, los individualistas y los egoístas -hoy todos ellos progresistas- no vengan a pedir todo del Estado porque se “inventaron” un derecho, pero se olvidaron de sus “deberes”. Y recién entonces hablaremos de revolución.