Chile y sus miedos

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chilepobrezaChile mete miedo. Eso dice un comercial que salió en la televisión abierta chilena con motivo del mundial de fútbol de Brasil 2014. Este comercial da a entender que Chile cuenta con un equipo difícil; un equipo con el que hay que tener cuidado. Esto es cierto si se hace la comparación con el rendimiento histórico de Chile en los mundiales de fútbol. Mundiales a los que en su mayoría no clasificó, y que en su versión pasada finalizó en octavos de final. También es cierto si se tiene en cuenta el alto nivel de los jugadores que conforman esta selección.

Pero… ¿Por qué decir “Chile mete miedo”, en vez de decir, por ejemplo, “Chile asusta”? Por una parte una respuesta “obvia” sería que fonéticamente, para un comercial, es más agradable al oído la primera opción. Otra respuesta sería decir “pero oye, meter miedo no es lo mismo que asustar o generar temor”. En efecto. Pareciera ser que meter miedo es algo mucho más potente que las otras opciones.

Quiero hacer hincapié en esto. Diré lo que el miedo no es para luego poder “encerrarlo” y decir lo que sí es.

El miedo no es un verbo. No es una acción, como el asustar(se). Por tanto, no es una acción que podamos iniciar o detener a voluntad. Esto no significa que no lo podamos controlar o confrontar.

El miedo no surge durante un suceso concreto. Cuando nos asustamos, dicha emoción nos surge en el momento en que nos sucede algo que nos inquieta: un ruido a mitad de la noche, un auto que casi nos atropella, alguien que nos agrede, etcétera. El susto proviene de una fuente externa a nosotros, pero en el caso del miedo, esa no es la única fuente.

El miedo es algo previo a un suceso; no sabemos qué es lo que nos va a suceder, y además creemos que lo más probable es que nos suceda algo malo. Eso es lo que nos inquieta. El miedo es pensar cómo nos desempeñaremos frente al hecho problemático que estamos anticipando. Por eso, tiene una fuente interna: ¿cómo me comportaré cuando haga o me suceda eso que me inquieta? En ese sentido, el miedo no tiene que ver sólo con aquello que nos sucede, sino que también tiene que ver con lo que podríamos llegar a hacer. Aunque, claro, la intensidad del miedo varía según qué tan probable es que nos pase algo malo, y de qué tan bien saldremos de eso.

El hecho de que el miedo esté, temporalmente, antes que el suceso, lo distancia de sus sinónimos. Le damos vueltas al asunto que nos genera miedo, e influye en nuestra conducta. Vemos cómo superarlo, olvidarlo o evitarlo. Y eso se queda con una parte de nuestra vida, grande o pequeña.

Entonces, cuando el comercial nos dice “Chile mete miedo”, nos quiere decir que hay otros equipos y personas que se encuentran aproblemados con Chile. Equipos que ven una amenaza en Chile, que no saben qué es lo que pueda ocurrir al final de un partido, y que además le están dando vueltas al asunto, sumiéndolas en un estado de ánimo particular: “¿Nos irán a ganar? ¿Seremos mejores que ellos? ¿Y si perdemos?”.

 Chile mete miedo. Y no sólo en el fútbol. También mete miedo a sus vecinos con su economía y “poderío” militar.

Pero, a la inversa, ¿qué le mete miedo Chile? ¿A qué le tiene miedo Chile?

 Chile tiene miedo de que sus hijos se arriesguen con proyectos de vida que no vayan de la mano con un título universitario y una vida en pareja en una casa propia. “Chile, la verdad es que no me interesa ir a la Universidad.” Chile se indigna ante esto. Le da miedo pensar en que sus hijos pueden tomar senderos alternativos en esta vida.

“Pero oye, eso es cierto. ¿Qué haces si no vas a la Universidad? Te vas a morir de hambre o terminarás siendo un obrero o un Don Nadie. ¿Qué sendero puedes tomar si con lo demás no tienes plata para nada?” Esto es en parte cierto y lo retomaré más tarde.

Chile tiene miedo a arriesgarse con el mundo que está fuera de las salas, casas y oficinas que habita de 09:00 a 19:00. “Y si paso a tomarme un café, o me junto con ese compañero de la (educación) media mañana? ¿Y si paso a ver esa obra medio rara que dijeron en la tele?”. Pero cómo se te ocurre. Ándate para la casa, mejor. Eso diría Chile. Tiene miedo de salir de su rutina.

“Qué te crees. Yo salgo del trabajo y estoy muy cansado para esas cosas.  Además, ¿quién te dijo que puedo darme esos lujos? Fuera de mi trabajo no existen esos café o galerías de arte; si llego tarde a mi casa me cogotean; y tampoco tengo plata para eso”. También lo tengo en cuenta. Calma.

Chile tiene miedo de llevar relaciones sinceras. Le da miedo asumir que se equivoca. Tal vez no debió decirle eso a esa persona querida. Quizá no escogió la carrera universitaria correcta. Quizá no debió levantarse tan tarde. Quizá no está conforme con su vida. Puede ser que esté tomando muchas malas decisiones. Le da miedo decir las cosas de frente, cara a cara y en respeto.

Chile también tiene miedo de otros países. Que no se nos considere como un país desarrollado. Que Perú, Argentina y Bolivia se nos tiren encima. Que nos convirtamos en una “república bananera” y que el extranjero deje de traer su capital a nuestro país.

Y, hablando de capital, Chile tiene miedos “serios” también. ¿Qué pasa si el cobre es reemplazado por otra cosa? ¿Y si el mundo deja de necesitar el cobre? Esto ha sucedido. Uno de los argumentos utilizados para explicar el descenso de la productividad e ingresos de Chile ha sido la baja en la compra de éste metal por parte de China. Chile tiene miedo porque no sabe muy bien qué hacer con el cobre.

¿Y si permitimos que el Estado tome un rol más preponderante en la Economía?

Y así con un sinfín de miedos que Chile tiene: soledad, desaprobación, autenticidad... La lista podría continuar eternamente, así que quiero llevar este tema por otro punto.

Nos es completamente natural tener miedos, y también son sensatas las críticas que podrían hacerse a lo que he estado proponiendo. Hay que comprenderlas porque son parte del miedo. Me explico. Estas críticas tienen asidero en otro gran miedo: que Chile se haga cargo de sí mismo.

Cuando Chile se condena si sus hijos no van a la universidad, cuando Chile no puede llegar tarde a su casa, cuando Chile no quiere aceptar sus errores, y no sabe cómo o no está dispuesto a solucionar sus problemas-país como el cobre, educación y salud es que hay algo detrás de eso.

¿Por qué debemos “condenarnos” si no vamos a la universidad? ¿Por qué nos da miedo salir de noche? ¿Por qué no nos gusta aceptar que nos equivocamos? ¿Por qué no diversificar nuestra estructura económica?

¿Por qué no pensar y solucionar lo que está detrás de esos problemas?

Porque a Chile le da miedo solucionar esos problemas. Chile sabe que puede solucionar todos esos problemas y permitirse una vida más tranquila, feliz y sincera consigo mismo. Pero eso requiere de arriesgar mucho tiempo y esfuerzo. Requiere que las personas -quienes son Chile en la práctica- trabajen en sus juntas vecinales, municipalidades, salas de clase, trabajos e instituciones. Requiere de que hayan personas que se dediquen a estudiar para reformular y mejorar el Estado. Requiere de hacer frente a la usura, a la injusticia, a los gobernantes corruptos y fuerza pública. Requiere para sus adultos superar el trauma de la dictadura. Requiere de que nos escuchemos, y que también peleemos entre y por nosotros. Que nos encontremos a nosotros mismos y no dudemos en hacer uso de nuestra libertad de pensar y decidir. Requiere, en suma, en pensar un proyecto de país y comprometerse con dicho proyecto.

Y es natural tener miedo ante un proyecto de esa magnitud.

¿No serán esos miedos, la fuente de los otros miedos de Chile?

Podrían muy bien serlo. Sin embargo, tampoco pretendo que mañana mismo abandonemos nuestros trabajos para estudiar cine, visitar África y tomemos el fusil para derrocar a un gobierno supuestamente coludido con empresarios malvados. No. Más bien, propongo que sería bueno que viésemos más allá de los miedos que sentimos, que no pensemos tanto en qué consistenuestro miedo, sino en qué lo produce, en qué nos hace llegar a éste. Que los entendamos. ¿Qué fallas tiene Chile que le hace tener miedo hacia otras situaciones? Lo peor que podríamos hacer es negar que tenemos miedo y obligarnos a ser valientes porque sí. Entendamos sus bases y actuemos según ello.

Pero tampoco dormirnos en los laureles y elevar las causas de nuestros miedos a discusiones metafísicas. Eso también sería evadirnos del problema. Como se ve, la mezcla es compleja.

El miedo, como expuse, es previo al suceso. En este caso, previo a que intentemos mejorar las cosas. Quizá fuese bueno que Chile se de cuenta que las fantasías que crea respecto al “qué pasaría si yo hago/me pasa esto…”, son solo eso: fantasías. Pueden ir bien o mal. Puede ganar o perder. O una mezcla de ambas.

El desafío es atreverse, pues cobardes sobran.