Democracia de los acuerdos

A comienzos de los 90, Andrés Allamand, en ese entonces niño bonito de la derecha liberal, se hizo famoso por difundir aquello que se dio en llamar “democracia de los acuerdos”. Al igual que su postrera idea del desalojo, no tenía gran ciencia, pues se limitaba a proclamar la necesidad que la clase política potenciara más aquello que los unía que lo que los separaba; algo de sentido común, considerando que era la única salida lógica para ordeñar al pueblo chileno sin sobresaltos después de las terapias de shock a que fue sometido por marxistas y neoliberales.

Lo importante no eran los acuerdos en sí, sino su contenido, que fue enunciado por Allamand como bases de un eventual proyecto nacional a realizar por la llamada centro-derecha.

“1. La adhesión a la democracia representativa y el respeto a los derechos individuales.

2. La aceptación definitiva de la economía social de mercado.

3. La modernización del Estado y la dispersión del poder.

4. La igualdad de oportunidades y la expansión de las libertades individuales”

Más allá de la palabrería liberal, este esquema ideal se ha traducido en las siguientes realidades políticas: 

1. La dictadura de los partidos en lo político.

2. La dictadura de la plutocracia en lo económico, por sobre lo político.

3. La desaparición progresiva del Estado como representante de la comunidad.

4. Libertades ilusorias ante la ausencia total de justicia.

El esquema ha sido realizado a la perfección por los gobiernos concertacionistas, por lo que su concepción original como “proyecto” de una hipotética centro-derecha se volvió inútil.

¿Por qué? Simple.

A la oligarquía criolla y mundial la resulta más sencillo administrar el capitalismo con gobiernos “progresistas” y “socialistas” que ofrezcan circo decadente y mantengan la caldera social bajo límites tolerables, mediante el sindicalismo amarillo y los “dirigentes sociales” vendidos al mejor postor. Verdad elemental que muchos derechistas no logran comprender… a 20 años de caído el Muro.

El hecho es que en Chile “la democracia de los acuerdos” -baches más, baches menos- sigue en pie, pues el piño de personajes e intereses en el poder están de acuerdo de mantener, por todos los medios necesarios, la DUALIDAD LIBERALSOCIALISTA en lo político, como medio, a su vez, para preservar la DUALIDAD PARTITO-PLUTOCRATA como forma de domina-ción, donde cada parte en el trato parasita de la otra, y ambas parasitan en conjunto del trabajo de un pueblo esquilmado tributaria y financieramente.

Teniendo en cuenta lo anterior, no debemos ver las últimas novedades en el panorama partidista como una crisis de la política chilena, ni mucho menos como una alternativa al estancamiento de los dirigentes, pues la verdadera crisis todavía no se aparece y los supuestos “nuevos referentes” no son más que maquillaje para los mismos de siempre o de sus hijos, lo cual muestra una degeneración nepotista del $i$tema.

Lo que si tenemos a la vista son claros síntomas de agotamiento, de falta de ideas y una desesperación -evidente en algunos personajes como Escalona- por mantener el status quo a cualquier precio, lo cual hace necesario sacrificar algunos peces gordos para que el régimen se mejore del resfrío y siga su feliz marcha de corruptela y servilismo internacional.

Ante este panorama, la tarea política de los nacionalsindicalistas -y todo auténtico revolucionario- no puede ser creer optimistamente en el colapso de los partidos en el poder, ni mucho menos creer en las falsas alternativas que se presentan como supuesta renovación.

Nuestra tarea es ROMPER EL CONSENSO IMPUESTO POR LA DEMOCRACIA DE LOS ACUERDOS Y ESTABLECER EN CHILE UN NUEVO  CONSENSO BASADO EN LOS PRINCIPIOS QUE PLANTEAMOS, el cual, como contrapartida a los ejes formulados por Allamand, pueden expresarse como sigue:

1. Democracia de participación plena, ejercida a través de los cuerpos sociales y sus delegados, responsables estos últimos ante sus bases, sin intermediarios artificiales y parásitos.

2. Economía de justicia distributiva, que reconoce la propiedad sobre el producto del trabajo y la gestión del dinero por los trabajadores, sin colectivismo ni usura.

3. Un Estado organizado racionalmente y con el poder suficiente para hacer imperar la justicia en el interior y defender con firmeza los intereses políticos, económicos y culturales de Chile.

4. Derechos y libertades reales, con una base material que permita su ejercicio efectivo por cada ciudadano, en armonía con los derechos de la Comunidad Nacional.

Estas ideas no son compartidas por ninguno de los políticos refugiados en nuevos partidos y candidaturas, porque ninguno se atreve a poner en duda los fundamentos del $i$tema, aún cuando se reviertan de una “máscara” de marxismo reciclado o un social-cristianismo de la década del 50.

En particular, la democracia liberal y toda la podredumbre inherente a ella siguen siendo la piedra de tope de todos los falsos “alternativos a la dualidad”, a tal punto que el propio Marco Enríquez-Ominami insiste una y otra vez que no está en contra de los partidos, pues sabe en el fondo que la partitocracia es dogma, sacrosanto e inviolable.

Nosotros nos atrevemos a desafiar sus dogmas, porque no le debemos respeto a aquello que no merece respeto, y tampoco aceptamos someternos a un pacto político-institucional de convivencia entre cúpulas partidistas y plutocráticas en el cual como Nación organizada nunca tuvimos más parte que la de víctimas.

LA “DEMOCRACIA DE LOS ACUERDOS” ES ILEGÍTIMA DE ORIGEN (fue un consenso oligárquico impuesto a la Comunidad Nacional) Y DE EJERCICIO (no soluciona los problemas de los chilenos: LOS AGRAVA), por lo que puede y debe ser desechada.

¿Por qué es necesario romper el consenso?

Porque, a nivel de base, es necesaria una fuerza social, principalmente a nivel de la juventud y los trabajadores, que asuma como propio los puntos esenciales del programa nacionalsindicalista, rompiendo la inercia de masas.

Mientras que a nivel de clase política, ésta debe estar tan dividida y fragmentada en sus rencillas personales y corruptelas varias, que sea incapaz de hacer frente a la comunidad, la cual representa los verdaderos intereses de la Nación, organizada, esta, en sus comunidades básicas.

El resultado del trabajo político en ambos frentes sólo puede ser no dejar más alternativa que la aplicación íntegra de nuestras propuestas.

¿Y cómo rompemos el consenso?

No puede ser con una lucha meramente electoral, que por si sola no hace más que legitimar la farsa institucional, ni menos recorriendo a inmorales estrategias del terror que tienen como único resultado la sumisión de la masa al poder dominante por el miedo.

Se debe trabajar simultáneamente en la denuncia implacable y en la propuesta concreta, señalando al sistema liberal-socialista como la causa esencial de las diversas fallas en vivienda, salud, participación, integridad territorial, etc., y exponiendo que el Nacionalsindicalismo, y sólo el nacionalsindicalismo es una solución verdadera, integral y, sobre todo, posible, a pesar de las falacias que contra nosotros lanzan nuestros enemigos.

¿Cómo se pueden apreciar los resultados?

A medida que más y más personas, sobre todo en nuevas generaciones, asuman nuestro lenguaje y puntos de nuestro planteamiento, estamos ante señales claras de avance, puesto que los lugares comunes del liberal-socialismo van cediendo paso.

No importa que nuestras ideas sean asumidas por quienes no se proclaman nacionalsindicalistas, aún por quienes se dicen enemigos, pues ello indica que su propio discurso va perdiendo base social, y aún cuando traten de “robar” el nuestro, sólo los nacionalsindicalistas estamos en condiciones de proclamarlo en forma coherente y consecuente, y el pueblo sabrá apreciar aquello.

No nos equivoquemos: La dualidad liberal-socialista siempre se unirá a la hora de proteger sus privilegios y para ello se sirve del falso consenso impuesto a la comunidad. Acabar con dicho consenso es tarea irrenunciable que debemos afrontar sin más miedos ni aprehensiones que los que vengan de nuestro Estilo.-

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Artículo publicado originalmente en la revista Acción Directa Nº 7, septiembre 2009.

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