El miedo a la juventud

Imprimir

Otro intento del jet set político por “incentivar la participación de la juventud”: un proyecto que busca la inscripción automática y el voto voluntario. No faltaron quienes consideran que no basta con ello, ya que el voto, para ello, es un derecho y un “deber cívico”, por lo que debe convertirse en obligatorio. Así, aunque no queramos nada con los partidos del sistema tendríamos la obligación de concurrir a legitimar de una forma u otra el poder que dichos partidos ejercen en nombre de los señores del dinero, eliminando por la fuerza la estadística aterradora de la abstención electoral. ¿Cómo van los ciudadanos a abstenerse de participar en la “fiesta de la democracia”?

Por otro lado, en la derecha surgen voces que dicen que inscripción y voto deben ser voluntarios, manteniendo la necesidad del trámite ante un registro electoral que cuyos días y horarios de atención son, en el mejor de los casos, difíciles para la mayoría de los jóvenes chilenos. Llama la atención que una derecha que siempre reclama contra los “trámites burocráticos” que el Estado impone a los ciudadanos esté a favor de mantener un trámite absolutamente inútil para que los chilenos puedan ejercer sus derechos políticos, aunque se ha dicho que la verdadera razón es el miedo de este sector ante la avalancha electoral de una juventud mayoritariamente sensible a la izquierda, una forma de reconocer el fracaso que han tenido en acercar las nuevas generaciones a su insípida visión de la “sociedad libre y de principios cristianos”. 

De un lado y del otro, se puede apreciar un solo sentimiento de la clase política hacia la juventud chilena: EL MIEDO.

Miedo a la fuerza de una generación cada vez más disconforme con las falsas oportunidades que les ofrece la dualidad liberal-socialista. Miedo a una generación que adquiere con el tiempo mayores grados de organización y responsabilidad, constituyéndose como cuerpos sociales en oposición a la casta de vividores de la política. Miedo a quienes puedan convertirse en genuinos representantes de la Nación chilena quitándole al trabajito a quienes llevan años simulando “representarnos”. 

Y ese miedo lleva a lanzar más ofertones de participación y “dialogo social” dentro de un sistema político que por su esencia niega la participación efectiva de los ciudadanos y trabajadores. Años atrás montaron el parlamento juvenil, el 2006 inventaron un Consejo asesor de Educación que se perdió en la nada… ¿Qué viene ahora? Parece que las ideas se acaban y no queda otra que insistir sobre la elección directa de Intendentes, la paridad de género y otros parches que sólo redistribuyen el poder dentro de la misma casta de aprovechadores, pues ninguna de estas medidas acerca a los chilenos comunes y corrientes al proceso de toma de decisiones.

¿Y hay que tener miedo a la juventud? ¿Por qué habríamos de tenerlo si en ella está la energía y la voluntad para terminar de una buena vez con todo el sucio negociado de politiqueros, usureros y delincuentes? ¿No tenemos allí la fuerza necesaria para establecer por fin un orden social de Justicia en Chile? A lo que si podemos temer es que algunas bases puedan ser utilizadas por los payasos impresentables de siempre, esos mismos que creen que la juventud hace los cambios con vidrios rotos y miguelitos en la calle, con lo que el sistema actual sólo se fortalece. 

Lo que necesitamos es organización, pero organización en serio, y un proyecto político, a lo que añadimos la voluntad de llevarlo a cabo, y nadie podrá detener el torrente de la Nación Chilena. Si la clase política quiere darnos pildoritas para hacernos creer que participamos y que somos tomados en cuenta, es su problema, pues lo que recibirán no será la gratitud sino una voluntad de lucha más decidida por el derecho que tenemos como pueblo a gestar nuestro propio destino. Y esa voluntad es su mayor miedo.-