Tres grandes etapas y cinco generaciones.

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Ensayo y error. Si hay algo que podría caracterizar el desarrollo de la organización política que ha adoptado el MRNS durante sus ya 63 años de existencia en Chile, es dicha premisa. Y es que claro, de alguna manera se debe obtener la experiencia política necesaria para cumplir con los objetivos y llevar a cabo un proceso revolucionario en un escenario cada vez más dificultoso.

A lo largo de su historia, el Movimiento ha pasado por tres grandes etapas, protagonizadas por cinco generaciones de camaradas, todos de los más diversos orígenes sociales, económicos, credos, etc. Con nosotros quien quiera, contra nosotros quien pueda siempre hemos dicho, a pesar de que ya desde los inicios mismos, en esa etapa embrionaria, los fundadores del Movimiento señalaran el duro camino por delante: soledad e intransigencia (Bandera Negra, 1949).

Tres grandes etapas y cinco generaciones.

"Microhistoria de la organización y funcionamiento del MRNS".

Lug Pizarnik

 I. Gestación y primeros pasos.

En su etapa de gestación, tanto en Santiago como Valparaíso existieron  grupos de estudios entorno al pensamiento nacionalsindicalista promovidos por sacerdotes y laicos instruidos en el pensamiento político de entreguerras. Para 1947, un núcleo que venía trabajando por largo tiempo se auto identifica como la Legión Nacionalista de Chile del Movimiento Revolucionario Nacionalsindicalista, denominación poco práctica para la acción política pública. 

El pensamiento católico hispano, representado por Donoso Cortés, de Maeztu, Vásquez de Mella y Primo de Rivera comienzan a “dialogar” en esas reuniones con los textos de sindicalismo revolucionario hasta llegar a una síntesis que será la base de nuestro ideario.

El principal texto que servía de instrumento de estudio para una nueva visión de la política era la obra del padre O. Lira, “Nostalgias de Vásquez de Mella”. Interesante pero insuficiente; los camaradas de Valparaíso buscaron nuevas fuentes a las cuales recurrir. De este modo, a través del Consulado de España en Valparaíso, se tiene acceso a material que la Embajada distribuía para fines de difusión de la “doctrina social y política” que el régimen de Franco -se supone- emprendía en la España de esos años. Por esta vía se toma conocimiento del pensamiento de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma (Carmona, 2015).

Como resultado de su valer intelectual y tesón misional, el padre Lira, formador y animador de talleres de discusión en política legó al Movimiento la Doctrina de las Comunidades.

El 5 de Agosto de 1952, el Movimiento fija acta de fundación política en medio del proceso eleccionario que culminaría con Ibáñez como presidente. El ex general era visto popularmente como una opción del nacionalismo, pero el nacionalsindicalismo desconfiaba de las posibilidades de un gobierno de coalición que unía a varias formaciones del tradicional espectro partidista. Con todo, un grupo de nacionalsindicalistas que habían abandonado la disciplina interna colaboraron con el nuevo gobierno.

Es, pues, el momento en el cual el MRNS superando la etapa de “grupo de discusión política”, enfatiza su carácter de organización revolucionaria, con el cual es conocido hasta nuestros días. Sus publicaciones registran tal énfasis al tiempo que se aleja de las concepciones de otras formaciones nacionalistas próximas al régimen demoliberal (Bandera Negra, 1952).

Surge, pues, para fines de formación de los nuevos militantes que se incorporaban en las ciudades La Serena, Valparaíso, Santiago y Concepción, la necesidad de contar con un documento de trabajo que concentrase nuestras principales propuestas políticas.

En 1954, el primer documento de trabajo elaborado al efecto es la Doctrina del Estilo: conjunto de principios éticos y normas morales que rigen la forma de enfrentarnos a la realidad concreta.

. El Estilo es, pues, el ideal de vida de los nacionalsindicalistas, su forma de ser y de convivir (Bandera Negra, 1954).

ramoncallisPara el tercer aniversario del Movimiento, en 1955, Ramón Callís Arrigorriaga, Jefe Nacional, publica bajo su nombre y autoridad, un compendio de textos de trabajo denominado “La Revolución del Hombre”. Dividido en dos partes: una de análisis de la situación política y moral del país y otra con énfasis en la praxis política, señalando los objetivos necesarios para concretar la revolución nacionalsindicalista. Y la tesis es clara: LA REVOLUCIÓN SOLO ES POSIBLE EJERCIENDO EL PODER TOTAL (Callís, 1955).

Al crecer, el Movimiento se organiza en jefaturas provinciales y zonales, subordinadas al Mando Nacional. Esta organización toma como referencia la división administrativa vigente del país para ese entonces, según el artículo 88 y siguientes de la Constitución Política de la República del año 1925.

La participación se organiza en tres comunidades:

a) la de aspirante, que rendía promesa como adhesión al ideario.
b) la de camarada, con estudios de doctrina comprobados y juramento.
c) la de jerarquía, con dedicación de por vida a la revolución del hombre (Carmona, 2015).

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La jefatura nacional inicialmente unipersonal terminó en forma colegiada entre aquellos que ostentaban la jerarquía. El órgano creado al efecto era el denominado Consejo Revolucionario.

A partir de 1954 se constituye el Tribunal del Estilo, órgano encargado de resguardar el correcto cumplimiento de los deberes de los camaradas, función que mantiene hasta los días presentes.

En el desarrollo territorial, existían tres jefaturas zonales: norte, centro y sur (Aspas, enero 1966); y cada jefe provincial participaba por derecho propio en la Junta Nacional de Mandos (Aspas, 1965).

Con un proceso de continuo crecimiento, especialmente a nivel universitario -jóvenes que asumían prontamente responsabilidades de conducción política- se constituye la segunda generación de camaradas.

II. Etapa universitaria y experiencia de gobernanza institucional.

Esta segunda generación, más inquieta y pujante motivaría al Consejo Revolucionario a modificar la estructura jerárquica, entregando importante espacios de realización y responsabilidad políticas. Es así como en la ciudad de Santiago, el 14 de Mayo de 1966, todos los jefes provinciales y demás miembros del Consejo Revolucionario eligen una directiva:

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Presidente: Eugenio Cáceres, arquitecto y profesor universitario.
Primer Secretario: Mario Urzúa U., Jefe Provincial de Santiago.
Segundo Secretario: Renato Carmona F., estudiante de derecho UCV (Aspas, mayo 1966).

A instancia del nuevo mando se fortalecen los frentes de acción política, tanto territoriales como funcionales, enfatizando el universitario, el estudiantil secundario, del trabajo y de mujeres. El normal crecimiento de la organización se ve afectado entre los años 1965 y 1970 por la  progresiva polarización de la convivencia nacional, que desemboca en la elección de Allende. En tal contexto, sabiendo que el nivel de violencia política habría de incrementarse hasta ser incontrolable, el Movimiento cierra el ingreso a nuevas incorporaciones para prevenir una potencial infiltración (Carmona, 2015).

El golpe de Estado dado por las Fuerzas Armadas y Carabineros forzaría el acatamiento al cese de actividades proselitistas, provocando, además, un clima de desconcierto en la militancia de cara a la realización del propio ideario. En este período inicial del gobierno militar, varios camaradas entregaron su adhesión personal a la situación de facto, lo cual no los libraría posteriormente de la persecución política desencadenada por el ascendiente Movimiento Gremial de Jaime Guzmán y sus socios neoliberales (Forja, 1973).

Sin embargo, a pesar del cese de la actividad proselitista, los camaradas de Valparaíso -a través de la Revista Forja- siguieron trabajando en la difusión de nuestras propuestas políticas a nivel del nuevo gobierno, con la finalidad de adoptar medidas útiles para superar la deteriorada situación del país (Carmona, 2015).

Así, entre 1975 y 1976, la incipiente actividad del núcleo de profesionales universitarios -concentrados en la sede regional de la Universidad de Chile- permitió la formación de un grupo juvenil de discusión política que se extendería rápidamente a la Universidad Católica de Valparaíso y a la Universidad Técnica Federico Santa María. De esta manera se conforma la tercera generación de nacionalsindicalistas (Cataldo, 2015).

Esta joven generación desarrolla su accionar en Dictadura, en una época caracterizada por el trabajo clandestino de las distintas formaciones políticas. El Movimiento trabaja dos tesis complementarias: la primera, intentar recuperar la presencia de lo social en una institucionalidad política que prescindía de ella, lo que lo llevó a darle su sello a la Secretaría Nacional de los Gremios; la segunda, preparar a la propia organización para enfrentar una probable restauración partitocrática, orientándose a estructurar su acción en organismos ajenos al control estatal.

Mientras duró nuestra participación en la Secretaría Nacional de los Gremios, muchas personas se acercaron al Movimiento careciendo de la formación requerida en un período normal para su ingreso; por lo tanto no pudieron ayudar efectivamente a la tesis en juego. A partir de  1983, muchos de ellos se alejarían definitivamente de la acción política convirtiéndose en una suerte de generación perdida, la cuarta de nuestra historia.

Tras las conjuras y ataques de los gremialistas y de la oligarquía para eliminar todo vestigio de oposición nacionalsindicalista dentro del gobierno militar, y derrotada la tesis de lo social, el Movimiento comienza a vivir un período “de catacumbas”, para intentar fortalecer la reestructuración de la organización revolucionaria (Cataldo, 2015).

III. Siglo XXI.

Luego de un período casi declinante, en 1999, el antiguo camarada G. Pozo, coordina las reuniones que llevan a la reorganización del Movimiento,  siguiendo el esquema y pautas de trabajo universitarios de la década de 1960, con ciertas adaptaciones a los nuevos tiempos: el Consejo Revolucionario pasa a denominarse Consejo Nacional, que es presidido por uno de sus miembros. También se instituye una Secretaría General como máximo ejecutor de las directrices políticas fijadas por el Consejo.

Entre los años 2004 y 2008 se realiza un proceso de renovación de la dirigencia, que da paso a la entrega de las responsabilidades de conducción a los jóvenes universitarios, fermento de la quinta generación de camaradas. Así, en sesión del Consejo de fecha 28 de julio del año 2008 se designa como nuevo Presidente del Consejo al abogado D. Silva y como Secretario General al estudiante universitario, L. Celedón.

La forma organizativa adoptada a principios del siglo XXI concluye con la reestructuración ejecutada el año 2009, cuya nueva forma y funcionamiento se mantienen en secreto hasta nuestros días.-

Referencias.-

Aspas N° 2, Septiembre 1965
Aspas N° 6, Enero de 1966
Aspas N° 10, Mayo de 1966
Bandera Negra N° 1, Diciembre de 1949
Bandera Negra N° 5, 1952
Bandera Negra N° 14, Septiembre de 1954
Forja N° 21, Septiembre de 1973
Entrevista Renato Carmona, Julio de 2015
Entrevista Nelson Cataldo, Julio de 2015
Ramón Callís A.. (1955). Revolución del Hombre. Santiago, Chile: MRNS