Sobre la Declaración de New York sobre migración y refugiados

Hace un par de días, el Movimiento Social Patriota hizo entrega de una carta al actual presidente de la República, para evitar que éste firmara la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes. Entre los argumentos expuestos por sus integrantes en un video propagandístico elaborado al efecto, se hace mención a las prioridades que debe tener Chile antes de hacerse cargo de la situación de vulnerabilidad que viven los migrantes día a día, pero, por sobretodo, lo más llamativo, es la tesis que el Estado invertiría recursos de todos los chilenos en atender las necesidades, casi de primera urgencia, de los migrantes y refugiados.

El primer error que han cometido ellos y también el resto de detractores viscerales de esta Declaración, es entenderla como un pacto vinculante para el Estado y considerar que los fondos a utilizar tendrán su génesis en el bolsillo del chileno: estimados, la Declaración de Nueva York hace hincapié de manera reiterativa en la cooperación mutua entre los países que van a firmar el compromiso (y no pacto vinculante e imperativo), de modo que la asistencia financiera no sea de cargo exclusivo de los fondos fiscales del país receptor, es más, se propone la cooperación bilateral, regional e internacional para la asistencia humanitaria, siendo esta suficiente, flexible, previsible y sistemática para los proyectos a largo plazo del Estado al cual llegan los migrantes (revisar punto 38 de la Declaración).

Debemos entender que, en materia de Derecho Internacional Público, una Declaración supone meros compromisos y no una norma vinculante e imperativa para el Estado suscriptor..

Por otro lado, se cuestiona la opinión pública en cuanto se entiende que la firma al compromiso supone, inevitable e irremediablemente, el acceso descontrolado de migrantes al país. Segundo error, la Declaración propone una serie de alternativas tentativas para ello, y por el contrario a lo que se piensa, señala que controlar y establecer procesos que regulen la entrada de migrantes propende a mejorar las condiciones mismas del extranjero que llega a un territorio distinto, pues evita el tráfico de personas, la violencia y abusos de género, entre otras situaciones delictivas que se siguen de los “ingresos ilegales” a los países de llegada.

Regular, en tal sentido, no significa cerrar las puertas al hermano continental, afrodescendiente, europeo, asiático; significa mejorar las condiciones sociales, culturales, económicas y personales. Supone el reconocimiento de los derechos esenciales de cada persona y de entender que las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos; esto no se encuentra en la Declaración solamente, sino, además, en nuestra propia Constitución Política.

No obstante, la Declaración es consciente de las necesidades de cada país para el desarrollo mismo de sus nacionales; entendido eso, propone también distintas medidas de ayuda financiera y de establecer relaciones diplomáticas entre aquellos Estados que se reconocen por tener un alto índice de migración, y potencia, en general, el llamado a que los mismos se hagan cargo de esas dificultades, para mitigar y atacar los factores que provoquen los grandes desplazamientos humanos. Sobre este controvertido punto nos referiremos más adelante.

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Las declaraciones expuestas por el Movimiento “Social” “Patriota” no son más que opiniones burdas y carentes de toda lógica, arguyendo, por ejemplo, que la entrada de migrantes atentaría contra la soberanía y bicentenaria “independencia” de Chile; o contra los pueblos originarios de nuestros territorios, olvidando, pareciera, los hechos posteriores a 1492.

En el mismo sentido, habrá que recordarles también que el pueblo de Chile ha perdido su soberanía política, económica y territorial NO por las olas migratorias, sino por la imposición de dictaduras cívico militares, de larga data en nuestra historia nacional. Chile no es un pueblo libre como tanto pregonan, hace 200 años sucumbimos a la imposición de reglas y normas impuestas por la cosmovisión europea que, luego decadente, dio pie a la colonización yanqui de la mano de Pinochet y sus esbirros con el supuesto de la guerra fría y la lucha contra el marxismo, etc. Libre ha sido nuestra oligarquía y sus cómplices políticos.

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No por nada, vergüenza ajena aparte, el ““Honorable Sr. Presidente”” mostró nuestra bandera “injertada” en la norteamericana.

Evaluación de la declaración

Si bien es cierto, la Declaración de Nueva York para los Refugiados y para los Migrantes no es un pacto imperativo de Derecho Internacional, si consta de una serie de compromisos y adhesiones que Chile debería, eventualmente, cumplir para el desarrollo e integración favorable de las personas que crucen nuestras fronteras y deseen permanecer en nuestro territorio para el desarrollo de sus vidas.

La Declaración tiene una perspectiva de género, atendiendo a las dificultades y peligros a los que se someten mujeres y niñas en el camino de una zona fronteriza a otra, y el tráfico de las mismas para los más variados propósitos. Del mismo modo, propende a la no discriminación de los migrantes por sus condiciones de salud, apuntando a aquellos seropositivos, que tendrán acceso a medicinas y fortalecimiento de sus tratamientos.

El acceso a la educación de niñas y niños, porque entiende que la negación de un principio tan básico como la educación resta posibilidades de surgimiento integral y personal de las personas, además de las alternativas laborales a futuro.

Dentro de eso, se establecen los puntos esenciales y comunes para refugiados y migrantes, ambos conceptos distinguidos dentro de la Declaración, pues el enfoque de ayuda será especializado en cada situación y contexto: el refugiado escapa de situaciones de peligro, que atentan contra su vida y contra la de su familia, el migrante, en otro nivel no menos relevante, busca oportunidades económicas, sociales y culturales.

No es efectivo que la Declaración “confunda” ambas situaciones, si bien a lo largo de la misma las disposiciones propuestas aplican a ambos tipos de desplazamiento, se entiende que para todos los efectos, la calidad de refugiado y la de migrante son diferentes.

Algunos puntos que destacar, es que la gente pueda informarse acerca de la Declaración y no se dejen llevar por falacias simplistas de lo que supone la adhesión de Chile de los compromisos que se encuentran dentro de éste. Del mismo modo, se entiende que al reflexionar críticamente sobre la misma, supone medidas que sólo suenan bonito, de tal modo habrá que ver cómo se desarrollan las políticas migratorias no discriminatorias en el país para el fortalecimiento, desarrollo e integración de migrantes y refugiados, con el reconocimiento de sus derechos, sin distinción por raza, sexo y religión, etcétera.

Finalmente, estos compromisos se deberían llevar a cabo de aquí hasta el 2030 en concordancia con la “Agenda de Desarrollo Sostenible” de la Organización de las Naciones Unidas, y no supone de modo alguno la apertura masiva de fronteras ni la eliminación de requisitos para la entrega de migrantes, sino al contrario, se recomienda regularizar las situaciones de entrada para evitar situaciones conflictivas delictuales que atenten contra la seguridad de mujeres, niñas y niños, entre otras vulneraciones en cuanto a la discriminación racial e intolerancia por grupos extremistas que se encuentran enajenados completamente de un mundo globalizado y conectado no solo a través de la virtualidad, sino también mediante conexiones reales: sociales y culturales. Como dijo un camarada: no estamos en la misma vereda.

Ahora bien, la Declaración por sí es insuficiente, no toma en consideración la realidad geopolítica actual ni la proyectada, a propósito de los graves conflictos humanitarios que existen en Medio Oriente o en Yemen, pueblo abandonado “por la comunidad internacional” por la obra y gracia de Arabia Saudita y sus socios: Estados Unidos e Israel.

La realidad política exige una reformulación de los instrumentos internacionales y particularmente de la ONU, organización que lamentablemente ya no está a la altura de la complejidad de los conflictos, las “guerras proxy” y las batallas económicas entre las principales potencias nucleares. Si esta no se reformula, ni el Consejo de Seguridad cambia su composición actual, pues entonces, toda declaración, acuerdo, tratado, etc. será simple letra muerta. Bonita, pero fútil.

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