Nuevo municipio: Asamblea de Delegados.

El actual Concejo municipal está definido en el artículo 71 de la Ley Nº 18.695 como un órgano  “encargado de hacer efectiva la participación de la comunidad local”, lo que debe coordinarse con la definición del Alcalde, cuales “máxima autoridad de la municipalidad y en tal calidad le corresponderá su dirección y administración superior”. Si a esto agregamos que la distribución de competencias entre ambos órganos y su redacción en la cual, parece ser que el Concejo es, en el mejor de los casos, un fiscalizador de las políticas alcaldicias pero en cuya elaboración no tiene mucho protagonismo.

Otro problema a considerar es la composición del Concejo, ya que los concejales son elegidos mediante un sistema proporcional -esto es, atendiendo al porcentaje obtenido por partidos y pactos- y en un número de seis a diez miembros conforme al número de la población de la respectiva comuna. 

Esta combinación genera, a nuestro juicio, que la presencia efectiva de los intereses vecinales se vea severamente disminuida, primando la aplicación a nivel local de las estrategias nacionales de los Partidos Políticos grandes. Así, cada elección municipal se interpreta en “clave plebiscitaria”, un fenómeno corriente en la Democracia Liberal, pero que no tendría razón de ser en un régimen que reconoce la autonomía comunal dentro de la unidad política nacional.

En nuestro proyecto, toda comuna debe tener una Asamblea de Delegados de la comunidad local como órgano de participación y autogobierno; base de todo el sistema representativo del Estado de Comunidad Nacional, bajo el supuesto que el municipio es un instrumento de los vecinos organizados, no un mero apéndice descentralizado de la máquina burocrática.

Su composición, conforme nuestro planteamiento contenido en el libro “La Revolución del Hombre” sería de una Cámara Funcional, elegida por las entidades económicas, profesionales y culturales que funcionen en la comuna, y una Cámara Territorial, elegida por las unidades vecinales. Aquí se presenta una tarea compleja, pero en absoluto inabordable para una nueva legislación electoral, cual será determinar qué cuerpos sociales y corporaciones pueden elegir delegados y en qué proporción a su número de miembros o importancia dentro de la comuna.

De especial importancia es la elección de la Cámara Territorial, ya que, a través de ella, se realiza el enlace directo de los vecinos con los delegados. Ello implica la necesaria reforma de la Juntas de Vecinos existentes para convertirlas en órganos útiles, dotados de atribuciones propias en materia de vivienda, ornato y seguridad ciudadana, pero eso es tarea de otro estudio.

En relación con lo anterior, está determinar el número de delegados. En las comunas más pequeñas, cada Cámara debería tener un mínimo de 6 miembros, de tal forma que las Asambleas nunca tengan menos de 12 delegados en total.

Si regulamos adecuadamente las atribuciones de cada Cámara y el funcionamiento en sesiones, un número amplio de delegados debe asegurar una representatividad fidedigna y una garantía contra la manipulación que eventualmente puedan intentar los Partidos Políticos sobre la actividad de los delegados.

Sobre las competencias de la Asamblea Comunal, son las básicas que, a una escala mayor, serán desempeñadas por las Cámaras Regionales y el Congreso Nacional. A modo de ejemplo: Aprobar la organización interna del Municipio (en lo no previsto por la legislación nacional o general) y los respectivos planes de desarrollo y presupuestos; elegir a los órganos administrativos, en particular al Alcalde, y controlar su gestión; constituir empresas o entidades de servicios públicos y fijarles objetivos.

La idea fundamental es que la Asamblea establezca metas y determine responsables para su cumplimiento, pudiendo intervenir si advierte irregularidades, pero no es deseable que esté permanentemente en acción, pues para el control cotidiano estaría la Comisión Permanente.

Respecto del funcionamiento, estimamos conveniente que la Asamblea tenga reuniones ordinarias unas dos veces al año como mínimo, durante unos 10 o 12 días en cada periodo, para ejercer sus atribuciones periódicas, debiendo los delegados, en los días previos, estudiar los problemas a decidir con sus comunidades respectivas, que fijaran su posición y las posibilidades de negociación entre grupos con intereses divergentes.

Fuera de las sesiones ordinarias, puede autoconvocarse con un quórum determinado de delegados, o bien el Alcalde deberá hacerlo para que se decidan actos de competencia exclusiva de la Asamblea.  La Asamblea debe tener un Presidente elegido por los delegados, que dirija sus sesiones, diverso del Alcalde, para garantizar su independencia.

Como anticipábamos, debe constituirse una Comisión Permanente de la Asamblea, elegido por ésta y responsable ante la misma, de 5 o 7 miembros, cuya misión principalmente sea fiscalizar la gestión cotidiana del Alcalde y las entidades administrativas del municipio, particularmente en materias laborales y de compras y ventas de bienes y servicios, materias que con frecuencia son objeto de prácticas corruptas o nepotistas en el actual Municipio. También consideramos conveniente que la Asamblea pueda encomendarle ciertas tareas dentro de sus atribuciones, comisiones siempre revocables.

Finalmente, toca anotar que el delegado es un representante de la comunidad que lo elige y le confiere tareas que debe cumplir en el debate asambleario, esto es, el mandato, pero se trata de un mandato flexible, pues los intereses discordantes deben ponerse de acuerdo en planes y políticas comunes, y ello exige de los delegados suficiente capacidad para ceder en algunas materias: De lo contrario se podría caer en un juego de suma cero. La revocación del mandato, por ende, no procede por cualquier discrepancia entre electores y elegidos o mandatarios y mandatarios, sino de ciertas causales claras de desvinculación de los intereses representados, que deben establecerse en la ley.-

AD logo Artículo publicado originalmente en la revista Acción Directa Nº 24, junio 2011.

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