Un gobierno para la Comunidad Nacional III

En esta tercera entrega de la serie propositiva "Un Gobierno para la Comunidad Nacional", abordamos la figura del "Jefe de Estado". Ya anteriormente nos referimos a la organización general del Gobierno (1ª entrega) y luego a la institución de la Comisión de Gobierno (2ª entrega). Cabe destacar, por último, que este artículo, como el resto, es parte de un trabajo propositivo que asumimos en nuestro Proyecto de Nación, planteamiento del nacionalsindicalismo revolucionario.

Concepto y Funciones.-

Hemos señalado antes los rasgos de un órgano dedicado a elaborar y acordar las propuestas generales de la acción de gobierno. Ahora es necesario establecer otro órgano cuya tarea sea impulsar el trabajo de la Comisión, de los Ministerios y, por ende, de toda la Administración, además de encarnar a la Comunidad Nacional por encima de las diversas comunidades menores. Este órgano es el Jefe de Estado.

El Jefe de Estado es, en primer lugar, el máximo representante de la Nación ante el exterior y en el interior del territorio. Es necesaria la existencia de una magistratura unipersonal que simbolice la comunidad y el poder que en su nombre ejerce del Estado, pero también que dicho órgano concentre su acción en aquellos aspectos que revisten mayor importancia para la preservación de la unidad política frente a otras, como son la defensa y la diplomacia.

Además, el Jefe de Estado debe ser un nexo de unidad entre la determinación colegiada y participativa de las políticas de gobierno y la ejecución expedita y jerárquica de las mismas, coordinando ambas tareas pero evitando que se confundan y distorsionen, como de hecho ocurre en los presidencialismos iberoamericanos. Es por ello que este magistrado, por un lado, forma parte de y preside la Comisión de Gobierno y, a la vez, dirige la acción de los Ministerios.

Atribuciones.-

Las potestades particulares del Jefe de Estado son un desarrollo de las funciones generales esbozadas anteriormente:

1.    Dirigir las relaciones internacionales de Chile, en conformidad a la política exterior aprobada por las Cámaras, suscribiendo los tratados -sin perjuicio de la aprobación interna a que deban someterse para regir en Chile- y nombrando y removiendo libremente a los representantes diplomáticos. En todo caso, la decisión de negociar un convenio que trate materias de ley debe ser siempre acordada previamente por la Comisión.

2.    Ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas en tiempos de guerra. En tiempos, de paz, ese mando se expresará en  el libre nombramiento de los Comandantes en Jefe y otros altos mandos que la legislación militar determine, así como distribuyendo las fuerzas conforme a las necesidades.

3.    Convocar y presidir las reuniones de la Comisión de Gobierno, colocando en el orden del día los puntos solicitados por los miembros. Puede exigir votaciones de urgencia para que la Comisión se pronuncie sobre determinadas propuestas.

4.    Nombrar y remover libremente a los Ministros de Estado y los representantes regionales del Gobierno central, previa consulta con la Comisión de Gobierno. Nombrará a otros funcionarios conforme lo disponga la Constitución y las leyes.

5.    Dictar a los Ministerios y otros servicios de su dependencia las instrucciones necesarias para el cumplimiento de sus deberes, de conformidad con el plan de gobierno. Además, debe sostener reuniones periódicas con los Ministros para verificar el desarrollo de su trabajo, las cuales no pueden tener carácter de “Consejo de Ministros” al estilo parlamentario.

6.    Someter a la aprobación de la Comisión de Gobierno los proyectos de Presupuestos del Estado, de política interior y exterior, y plan de desarrollo económico social, para los respectivos periodos, con la colaboración de los equipos de trabajo mencionados en el artículo anterior.

7.    Proponer a la aprobación de la Comisión de Gobierno proyectos de leyes y reglamentos.

8.    Dictar por sí solo los reglamentos de ejecución de las leyes en materia de defensa nacional y otras de especial importancia que determine el texto constitucional.

9.    En el periodo de vigencia de un estado de excepción, dictar por si normas que aborden materias de ley para hacer frente a las emergencias, con las restricciones y con la vigencia que señale el texto constitucional.

Como se desprende de esta conjunto de atribuciones, el Jefe de Estado debe ser un director general del trabajo político del gobierno, pero nunca un monopolizador del mismo, salvo en situaciones de crisis y, aún en ellas, sometido a límites. Por la naturaleza de su función, hemos preferido excluir potestades vinculadas a la función jurisdiccional, como el otorgamiento de indultos particulares y el nombramiento de magistrados superiores, buscando también evitar influencias indebidas en los órganos encargados de “decir el derecho” para el caso concreto. Tampoco conveniente la facultad presidencial de llamar a referendum, que bien podría ser asumida por la acuerdo de la Comisión, para evitar la formación de un caudillismo plebiscitario.

Organización y funcionamiento interno la Presidencia.-

El Jefe de Estado será un funcionario público más, en lo que respecta a remuneraciones, viáticos y otros beneficios que pueda recibir. La oficina presidencial sólo dispondrá de los servicios mínimos de secretaría y comunicaciones, pues las eventuales asesorías que se requieran en materias jurídicas, económicas, etc., se efectuarán por los grupos de trabajo adscritos a la Comisión, con lo que desaparecería el dualismo ridículo del “Gabinete Presidencial” y la SEGPRES que cumplen funciones casi idénticas y sólo sirven para el pago de favores políticos y personales.

Coherentes con las ideas anteriores, pretendemos eliminar todos los “programas” y “comisiones” creadas inorgánicamente al alero de la Presidencia que sólo vuelven más caótica la estructura administrativa. Y claro que será el fin de la institución anacrónica y seudomonárquica de la “Primera Dama”, pues la pareja del Presidente es una persona privada y no tiene rol oficial que asumir, menos aún con recursos públicos.

Controles.-

El Jefe de Estado que concebimos no es un Primer Ministro de un régimen parlamentario cuya permanencia quede sujete a las mayorías variables de las Cámaras, por lo que no puede ser destituido meramente por desconfianza de aquellas y menos por discordancia con la Comisión de Gobierno que preside. Sin embargo, se halla vinculado ante dichos órganos por el cumplimiento del plan político que presentó para su elección y por la obligación general de defender la independencia y seguridad de la Nación y de respetar la Constitución y las leyes, y si falla gravemente en su compromiso respecto a estas materias puede ser sancionado con la remoción del cargo, como señalamos en el primer artículo, por lo que no repetiremos lo ya dicho.

El medio cotidiano de control político -sin perjuicio del ejercido por las Cámaras y sus comisiones sobre el Gobierno en su conjunto- será el ejercido por la Comisión de Gobierno mediante sus acuerdos adoptados en sus sesiones, en las cuales el Presidente deberá rendir cuenta efectiva de la dirección cotidiana de los Ministerios. Asimismo, la llamada “cuenta anual” dejará de ser un discurso banal de propaganda, sino un verdadero informe de la gestión en el que el Jefe de Estado asume la cara del Gobierno ante el Congreso, cuyas Cámaras podrán exigir complementaciones y sugerir las adecuaciones necesarias en el “día a día” de los Ministerios.-

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aspas200x184El Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista (MRNS) es la organización política que lucha por el establecimiento de un nuevo Estado y la forja de una nueva cultura en Chile e Iberoamerica toda, basados en la unidad y justicia; con miras a posibilitar la realización de toda persona, mediante el desarrollo y ejecución de un proyecto de nación.

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