Dicen que las segundas partes...

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El 25 de abril la CONFECH vuelve a las marchas. Justo en el momento en el cual dicha organización se encuentra preparando un Congreso del que deberían emanar avances en lo propositivo, organizativo y estratégico. Puesto que el movimiento ya se instaló en la calle y que la movilización demostró tener efectos políticos (no en vano han caído varios Ministros y toda la clase política ha demostrado su ineficacia ante el problema), cabe preguntarse ¿Cuáles son las coordenadas de la CONFECH? ¿Hacia dónde pretende ir?

Un intento de respuesta parece estar en el documento “Balance y Proyecciones” como preparatorio al Congreso, del cual conviene revisar algunos puntos:

Respecto a las causas de la protesta, el documento señala que los “dos ejes” del problema serían el endeudamiento y el lucro.

Aquí viene el primer error: Unir en una misma categoría un fenómeno existente sin explicar sus causas -el endeudamiento de las familias y personas- con un concepto -el lucro- cuyo significado jamás fue explicado por los dirigentes estudiantiles durante el 2011, por lo que sigue en la nebulosa si entendemos el lucro como una distorsión de la retribución por un trabajo realizado, una expresión de la usura o un simple afán de enriquecimiento. Convendría que se aclaren los conceptos, partiendo por explicar la causa del endeudamiento, donde termina la remuneración y donde empieza la ganancia especulativa (que no es otra cosa que la USURA, vivir de las rentas), y sobre todo, quienes son los individuos y grupos que profitan del negociado de la “libertad de enseñanza”.

A continuación, se alude al petitorio formulado el año anterior, el cual incluiría la “única solución para estos problemas”: La Gratuidad” o, dicho de otro modo “Educación Pública, Gratuita, de Calidad, Multicultural, sin Lucro y Garantizada por Estado”. Al parecer, en la CONFECH confunden una aspiración general o un ideal a alcanzar con los medios para lograrla, lo que precisamente es la solución del problema, que tampoco puede confundirse con las causas del mismo. Sin perjuicio de lo anterior, varios rasgos de la aspiración general siguen teniendo un contenido algo gaseoso, como aquello de la Calidad (en lo cual poco se ha profundizado) y lo de Multicultural, palabra que -si no se entiende como un guiño indigenista de moda- resultaría una redundancia, puesto que una educación de calidad (buena calidad) supone la investigación y el cultivo de todos los valores de la comunidad nacional, dentro los cuales están evidentemente los autóctonos.

Tampoco puede afirmarse que las propuestas del movimiento estudiantil “atacan el centro del modelo económico a través de sus pilares fundamentales: Lucro y Endeudamiento”, en parte por lo ya señalado y, además, porque se limita a crear una isla de estatismo dentro de una economía todavía entregada al capital financiero que renta del trabajo de todos los chilenos, a través de la Banca, AFP`s, Isapres y casas comerciales.

El sistema educativo es parte del sistema mayor de la Comunidad Nacional y una variación estructural en el primero debe vincularse con el segundo: ahí está el punto flaco de los universitarios que defienden su derecho al cambio sistémico, pero no asumen la tarea de integrar las variables en un proyecto coherente, con una idea siquiera de nación.

En cuanto al “balance positivo” cabría cuestionar que exista realmente una “Comprensión política profunda de las demandas”. En el mejor de los casos, la masa ha mostrado su reconocimiento a una realidad de abuso y estafa generalizados, así como una simpatía emocional hacia la consigna de "educación gratuita y de calidad". Las demás consignas, si no son bien comprendidas y explicadas por los propios “rostros públicos” del movimiento (que son los que importan mediáticamente), bien difícil será que trabajadores, dueñas de casa, y otros puedan asumir el discurso universitario como propio con seguridad.

En cuanto a lo negativo, se reconoce que determinadas formas de movilización se prestaron al descontrol y causaron rechazo en la población, aunque la culpa al final es siempre del gobierno, a lo que debemos responder señalando que si ya se tiene claro que el gobierno buscará siempre deslegitimar la protesta, es una obligación hacia el movimiento y la propia comunidad impedir que las acciones de calle sean manejados por elementos criminales o simples ociosos.

Otro aspecto importante es la persistencia en buscar la articulación de los estudiantes con los trabajadores y otros “actores productivos estratégicos”, en lo que no podemos evitar un tufillo de la izquierda tradicional que aún cree inviable un proceso revolucionario que no sea dirigido por clase obrera organizada. Si por “trabajadores” debemos entender la CUT y organizaciones instrumentales, su rol durante el 2011 fue bastante discreto, y no está en manos de los estudiantes cambiar esa situación, a no ser mediante el ejemplo de una organización potente y una mayor capacidad de someter al poder dominante (ya plutocrático, ya partitocrático).

Después de todo lo anterior, podría parecer que hay que abandonar toda acción de calle mientras no se mejoren todos y cada uno de los problemas que hemos detectado. No es así. No somos quienes para negarle a la comunidad estudiantil mostrar su rebeldía contra un régimen injusto y una casta gobernante de ineptos y asalariados del capital, pero si pensamos que no puede seguir viéndose la marcha como un fin en sí misma y que tampoco pueden gastarse energías innecesarias en una batalla parcial, por lo que la actividad de este miércoles sólo puede tener como finalidad marcar presencia, convocatoria y el deseo de sumar a personas que, por diversas razones, no comprenden o rechazan la lucha estudiantil.

Precisado ese punto quedan las tareas a cumplir:

1. Señalar la causa real del problema y a quienes la provocan: Los grupos financieros son los que buscan que Chile sea un “país de servicios” para lo cual necesitan una educación de pésima calidad y tienen el descaro de cobrar por ella y, más aún, endeudar a la población para su pago, mientras que el orden político legitima este robo mediante mecanismos como la subvención, el CAE, el financiamiento compartido, entre otros.

A continuación debe señalarse al enemigo político, los partidos políticos del régimen, por cuanto han validado todo este saqueo a Chile, lo que incluye sus apéndices y lacayos al interior del mundo estudiantil, cuya única misión es reconducir la situación y sacar algún provecho particular.

2. Rectificar los petitorios y propuestas de un nuevo sistema educativo tomando como norte los objetivos formativos deseados, en los planos humanista, científico y técnico, de acuerdo a las necesidades reales del desarrollo nacional. Recién ahí, podemos plantear el alcance de la gratuidad y el grado de gestión que tendrán el Estado, las comunidades locales y la empresa privada, siempre bajo la prevención de que "la entrega" de educación sólo puede ser fuente de ingresos para una persona por un trabajo realmente prestado, nunca de ganancia especulativa por “manejar fondos” suministrados o avalados por la Comunidad.

3. Definir con claridad la estrategia de la comunidad estudiantil y, sobre esa base, ordenar todas las tácticas y medios de acción. Si el camino elegido es enfrentar desde la calle al régimen y a sus partidos para imponer el proyecto, debe tenerse en cuenta lo siguiente:

a) Deben dosificarse las fuerzas en cada acción para no desgastarse antes de tiempo, ya que el régimen tiene reservas;

b) El logro de objetivos parciales vale en cuanto sean un paso para avanzar en otros más profundos y no sirve el “todo o nada” cuando aún no hay fuerza para imponerlo;

c) Las salidas “plebiscitarias” o de “grandes acuerdos nacionales” entre partidos son un distractor, y sólo pueden aceptarse si no hacen más que formalizar una victoria de hecho.

4. Las organizaciones -el sindicato estudiantil- deben estructurarse como lo que deben ser, esto es, agrupaciones de lucha efectiva por los intereses de las comunidades que representan y no escalones en la carrera partidista de sus estrellas de rock, como está ocurriendo. Insistimos en que sólo delegados sujetos al mando imperativo y directivas sujetas al cumplimiento estricto de un proyecto aprobado por dichos delegados es el mecanismo idóneo que supere tanto el alejamiento de las bases como la inoperancia de masas.

El sindicato estudiantil -y pronto el sindicato laboral y vecinal- no puede seguir siendo apéndice o mendigo del poder: Debe ser un poder efectivo que, coordinado con otras comunidades, deberá convertirse en la base de un nuevo régimen, del nuevo Estado. Con esa mentalidad debe trabajarse, aún cuando el logro final de ese objetivo sea largo.-